Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 20 Marzo, 2015

El asunto de una reforma fiscal debe ser un debate abordado en el periodo de campaña electoral, pero todos le huyen


Entre cielo y tierra

Piedra de tropiezo

Las fuerzas antagónicas a la actual administración, algunas que se mantenían en sigilo, han encontrado un motivo que las convoque, las reúna y las motive a actuar. Me refiero a la oposición que poco a poco está tomando forma en torno a la idea del gobierno de presentar proyectos de ley para solicitar más impuestos al país.
Es claro que ningún momento es propicio para un planteamiento de esta naturaleza, pero sí resulta bastante inoportuno en tiempos cuando el desempleo ataca, el costo de la vida aprieta y el factor empresarial se siente castigado por la falta de competitividad y las alzas en los costos operativos, en especial de energía.
Estos elementos y más, se convierten ahora en combustible para los denominados contrapesos democráticos, pero al final tienen más cara de un oportunismo electoral, tras la búsqueda de simpatías y adeptos a los grupos políticos que adversen la idea de encarecer la vida de los costarricenses.
Entonces, ¿si el tema de más impuestos es tan sensible y durante los cuatro años de una administración no hay un momento oportuno para plantearlo, qué se debe hacer?
Considero que el asunto de una reforma fiscal debe ser un debate abordado seriamente en el periodo de campaña electoral, donde cada partido político exponga sus mejores soluciones.
Sin embargo, en Costa Rica no ha existido la honestidad frente al electorado de reconocer las pocas alternativas que tiene a mano un gobierno de turno para resolver esta vicisitud crónica de “gastar más de lo que se tiene”.
Los grandes estrategas en la contienda electoral han buscado evitar esta discusión, para que el candidato salga airoso, por lo que se ha hecho creer que es un problema paliativo que puede ser sobrellevado con remedios creativos, y que no necesariamente va a implicar generar una reducción del poder adquisitivo de un 15% para el ciudadano.
La idea generalizada, de que el problema fiscal de Costa Rica puede ser resuelto si el gobierno se “aprieta la faja”, detiene el despilfarro y se vuelve más eficiente en lo que hace, proviene de esa vaga, pobre y superflua discusión generada durante la época del festín electoral, dicho sea de paso financiado con los mismos impuestos que luego se urgen cobrar.
Claro está, que una vez elegido el gobierno, la historia cambia, sobre todo debido al estricto ajustamiento que desde el exterior se le impone a la hacienda costarricense, para entrar en el saco de todas la organizaciones y comités que “el país” aspira.
No ha habido en nuestra historia reciente, una piedra de tropiezo más grande para las administraciones de paso. Si el propósito es unificar a la oposición, no existe una estrategia más certera.
El común denominador ha sido que cada uno de nuestros jefes de Estado se ha considerado más inteligente que su antecesor, por lo que no pareció preocuparle la impopularidad y el desgaste que significó contradecirse con lo prometido en campaña.

Luis Alberto Muñoz Madriz
@luisalberto_cr