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Peripecias de una cédula

“Candelaria del Azar”, la nueva novela de Tatiana Lobo, es un golpe certero a emociones e intelecto al igual que sus anteriores obras

Carmen Juncos
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La vendedora de lotería, el Nica, el Pintilla, Candelaria (dueña de una cédula robada), un travesti, la “aristocracia neuronal”, entre otros personajes, palpitan en la novela “Candelaria del Azar”, de Tatiana Lobo, para introducirnos muy hondo a la condición humana y al San José (o cualquier otra ciudad) actual.
Un seguimiento al interés que despertó esta obra publicada por Editorial Norma, revela gran aceptación del lector interesado en la buena literatura.
La editorial reporta muy buenas ventas al punto de que se piensa ya en la reedición y su presentación en la Embajada de Chile llenó el local con personas que demostraron disfrutar de un coloquio iniciado por cuatro personas, invitadas a comentar sobre la novela.
Al finalizar esa actividad, la autora dijo sentirse muy satisfecha porque el libro había suscitando una interpretación y unas reflexiones diferentes en cada uno de los expositores, confirmándole que “cada lector hace su propia novela” y después de todo “esa es la gran finalidad de la literatura”. Agregamos que, en su caso, el lector además disfruta, se entretiene.
La narración atrae por el inconfundible estilo de la escritora. Pero en este caso, como en todas las obras de Lobo, el tema es también un poderoso imán.
Con ironía a veces, con sentido del humor, la novela nos ayuda a penetrar los rincones más hondos e inconfesables del alma de unos personajes que habiendo nacido con ciertas características heredadas en su ADN, el ambiente y hasta el azar los tornan protagonistas de un inevitable sobrevivir en algunos casos y en otros constructores voluntarios de una miserable vida de envidias, codicias, frustraciones y agresiones.
Werner Mackenbach, alemán profesor de literatura en la Universidad de Postdam, en su país y especialista en literatura centroamericana, quien vivió cinco años en Costa Rica y, circunstancialmente de nuevo en el país, participó en el coloquio sobre la novela, piensa que “en el centro de la trama se encuentra una cédula (robada) —documento por antonomasia para definir la identidad— que emprende un viaje pasando por las manos de diferentes personas, sin que encuentre a la que podrá dar identidad; más bien se borran incluso los rasgos característicos de su propietaria inicial y la cédula es destruida —una metáfora de la búsqueda de identidad individual y colectiva fallida”.
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