Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 17 Agosto, 2016

Lo que corresponde es abrir las mentes, eliminar prejuicios (sobre todo aquellos que se oponen al aprovechamiento económico del medio en armonía con la naturaleza). Y lo más importante: comprometerse a iniciarlo y demostrarnos que es posible mejorar nuestro entorno urbano.

Patos en el río Torres

En la pasada campaña electoral, me comprometí a lograr que los patos pudieran volver y sobrevivir naturalmente en las orillas del río Torres. Lo hice con plena conciencia del impacto económico y social de semejante compromiso. Lo hice para resaltar el problema de contaminación de nuestros ríos y para poner en términos sencillos una propuesta de regeneración de los principales. Ojalá cada cuatro años, pudiéramos comprometernos con limpiar uno.

Los que tenemos más años, recordamos un río Torres contaminado pero donde la vida vegetal y animal era posible. Lo recordamos de chiquillos bajando por su cuenca en busca de aventuras y de peces, aunque solo encontráramos olominas, sapos y algunas llantas o zapatos viejos. Pero el río seguía con vida y quedaba el verde, con aspiración de bosque, sobre todo cuando nos acercábamos al Bolívar.
Poco tiempo después de la campaña, me entero de que un grupo de jóvenes entusiastas, comprometidos con la vida urbana en contacto con la naturaleza, vienen impulsando un proyecto de más largo aliento: “Rutas Naturbanas”, un proyecto sin fines de lucro, que pretende “devolverles la ciudad a las personas. Nuestro San José Metropolitano enfrenta contaminación, invasión constructiva que irrumpe la regeneración ambiental y nuestra movilización en áreas más naturales que nos permitan desplazarnos hacia centros de empleo, recreo y habitación, mediante la utilización de dos corredores primarios a través de los ejes este-oeste que crean los ríos Torres y María Aguilar, las rutas permitirán enlazar tres áreas verdes principales en la ciudad: las instalaciones deportivas de la Universidad de Costa Rica, el Parque Metropolitano la Sabana y el Parque de la Paz”.


Tuve el privilegio de conversar con ellos y han propuesto un plan idealista, pero no iluso; donde, sin violentar la propiedad privada, puedan integrarse las iniciativas sociales, públicas y privadas, para permitir que podamos disfrutar los ríos, sus orillas, sus veredas, sus arboledas y sus pequeños oasis de vegetación. Lo que corresponde es abrir las mentes, eliminar prejuicios (sobre todo aquellos que se oponen al aprovechamiento económico del medio en armonía con la naturaleza). Y lo más importante: comprometerse a iniciarlo y demostrarnos que es posible mejorar nuestro entorno urbano.
En Madrid, a principios de los años 80, a la vista de un río Manzanares sucio y contaminado, el entonces alcalde de la ciudad (Enrique Tierno Galván), se comprometió a devolverle los patos al río de la capital española. En esa expresión resumía su compromiso de limpiar el emblemático río madrileño. De ahí viene la expresión sabinera, de “extraño como un pato en el Manzanares” en su canción “Así estoy yo sin ti”.
En nuestro país sacamos pecho por nuestros parques nacionales y por la recuperación de la cobertura boscosa; pero tenemos ciudades, quebradas y ríos contaminados por doquier. El río Torres, el María Aguilar, el Virilla, la cuenca del Tárcoles, entre los más sucios y degradados.
Todavía es posible soñar despiertos y comprometernos con una ciudad más vivible y un río Torres donde puedan vivir los patos.