Abel Pacheco

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Lunes 11 Octubre, 2010


El “pura vida” es tico, tiquísimo y recontratico. La frase nació aquí y su uso se extendió y trascendió fronteras

PARLATICA

Difícil explicar lo que uno oye, mira, huele y en general siente al contemplar un atardecer allá, en mi finquita de Esparza, o en cualquier paraje de esta tierra por Dios bendecida.
Dice mi hijo Abel que, cuando se acerca el ocaso, el paisaje es iluminado y coloreado por el sol de los duendes, y que esa luz posee una bárbara colección de multiverdes malcriados.
Y contra ese telón pinta su blanco pentagrama el paso de las garzas, la dorada huida de los pechoamarillos y bailotean bullangueros los soterrés su cotidiana zarzuela de despedida al astro rey.
Cruzan el paisaje parvadas ululantes de oropéndolas, el guaco emite su grito desesperado, como si no aceptara que se muera el día y un yigüirro traza sobre el césped su, más bien ridículo, solo de ballet territorial.
Con el día se va a reposar todo ese colorido muestrario de vida, pero entonces aparecen nuevos actores anunciados por el chisporroteo de las candelillas y el raudo y rasante vuelo de los murciélagos que afanosos persiguen una interminable multitud de insectos.
El aire se emperifolla con perfume de hierba fresca, aromas dulcetes de zampanjuche y el romanticón olor de las flores de caña india.
Toca ahora su ocarina el cuyeo, llora la sorococa y el aire se enviolina con la canción de los grillos.
Los sapos, serios y orondos subrayan el zumbido del viento con su melodía grave, cual conventual coro cantor.
Por doquier vida y más vida. Aturde este constante himno a la existencia, lleno de colores, sonidos, aromas y movimiento.
Es Costa Rica…
Es PURA VIDA…
Por eso esa frase nos identifica en el mundo y por eso así respondemos al “¿Cómo estás?”
Porque sí, somos eso, somos el goce de vivir hecho persona.
Alguien dijo que el “pura vida” lo habíamos copiado de una frase característica de Antonio Espino, alias Clavillazo, un excelente cómico mexicano de los años 50 y 60.
No es cierto.
Yo vivía para entonces en México y disfruté con las películas de este simpático actor y muchas veces lo vi actuar en persona, en los teatros populares aztecas de aquella época.
Lo que Clavillazo decía constantemente era: “¡De pura uva!”, o bien:”¡De pura uva… No más!”.
Y todos gozábamos mil con los chistes del hombre de saco inmenso, chonete con aspiraciones de tricornio y corbata agonizante.
Gran cómico, simpatiquísimo actor.
Pero el “pura vida” es tico, tiquísimo y recontratico. La frase nació aquí y su uso se extendió y trascendió fronteras. Su aparición fue solo el resultado natural de que, como traté de decirles al principio de esta columna, en este país la vida brota a borbollones por todas partes y esto se ha traducido en que, según dicen varias encuestas, los ticos agradecemos este maravilloso regalo y nos declaramos en ellas como los seres más felices del planeta.
Nos vemos de hoy en quince y ¡Pura vida!

Abel Pacheco