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Parlatica

Abel Pacheco apacheco@larepublica.net | Lunes 13 septiembre, 2010



Parlatica


Carajo es palabra que los ticos usamos con diferentes fines, pero nunca he oído que, como en otros lugares, se use aquí para referirse al órgano sexual masculino.
Básicamente “un carajo” es un individuo y es muy raro su uso en femenino. Cuando así lo hacemos es por darle connotación despectiva a la palabreja.
Por excelencia es término para expresar sorpresa o enojo, o bien forma de desahogar el dolor y la furia sentidos al darnos un martillazo, o bien cuando un violento tropezón nos hace sentir la ira e indignación del dedo gordo.
¡Carajo!… y al lanzar al viento la palabra mágica, como por milagro nos invade el alivio.
Cuando era güila, no me hacía gracia que me llamaran “carajillo”, pero realmente me indignaba cuando alguien me mandaba al carajo.
Yo imaginaba ese lugar como un sitio horrible y posiblemente hediondo como chiquero en día feriado.
Solía contestar “¡Pues no voy!”, y los adultos se me quedaban viendo como a un tijo albino u otro bicho raro. Bueno, al menos lograba desconcertarlos y detener posibles denuestos ulteriores.
Fue ya de viejo y en un libro del argentino Jorge Fernández, donde encontré la definición de lo que en realidad es el carajo, donde aún algunos insisten con frecuencia en enviarme.
En su libro “La Segunda Vida de las Flores”, dice el autor: “El carajo es aquella maldita canastita del vigía que traían las carabelas”.
¡Claro! Cuando querían castigar, o sencillamente mortificar a un marinero, lo mandaban a encaramarse mástil arriba, a otear horizontes desde el carajo.
Imagine el lector el vértigo, el temor y el mareo producidos por el bamboleo del mástil en sus alturas!
Han de haber sido horribles las náuseas ahí sufridas.
¿Y si le daban a uno ganas de orinar o etceterar?
Bueno, imagino que no solo la lluvia bañaba cubiertas y marineros.
Y de ahí nace este vocablo tan usado en la ticoparla. Término de origen marinero como tantos otros, pues nuestros antepasados eran con frecuencia gente de mar.
Para despedirme les cuento que este servidor sigue, como cuando era güila, negándome a ir al carajo, donde con tanta frecuencia me han mandado en la vida.

Abel Pacheco

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