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Lunes, 10 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Para sacar buena nota

| Viernes 20 abril, 2012




Las acciones convertidas en beneficios para la sociedad, sin exclusiones, es lo único que los pueblos aprueban y aplauden de sus gobernantes

Para sacar buena nota

Se puede pensar que la inteligencia y la capacidad para maniobrar y desarrollar estrategias tendrán siempre un resultado positivo. Pero la realidad demuestra en muchas ocasiones que no es así y especialmente cuando se trata de estrategias políticas.
Estas, concebidas a lo interno de un gobierno (o de un partido político), suelen subestimar la reacción popular en cuanto a su capacidad de percibir, aun sin comprender bien los artilugios, aquello que les hace daño y que va destinado a minar su calidad de vida aunque las palabras anuncien como bueno.
Es por eso que los gobiernos deberían tener presente que son las acciones concretas convertidas en beneficios para la sociedad, sin exclusiones, lo único que hará que los pueblos aprueben y aplaudan la gestión de los gobernantes. Porque esos beneficios llegarán siempre, directa o indirectamente, a todas las esferas de la sociedad.
Lo otro, las pomposas palabras, la capacidad oratoria, no son capaces de sostener ni el más débil andamiaje que permita subir puntos en la opinión popular.
Si un país se encuentra en la coyuntura en que está hoy el nuestro (y el mundo), más cuidado aún se debe tener. Las palabras ya no tienen valor, por tanto haber jugado con ellas, y solo se prestará atención a las acciones y muy concretamente al beneficio o perjuicio que estas traigan a la ciudadanía.
Pero si además, entre palabras y acciones hay contradicción, ya nada tendrá forma alguna de ser usado para ganar puntos.
La sociedad costarricense ha visto en los últimos años acciones que llevaron a un incremento en las brechas sociales, a una mayor inequidad y a un deterioro considerable en la cultura solidaria que constituyó siempre el más sólido pilar garante del carácter sostenible de la democracia.
Ello, a la vez que trajo desesperanza y desorientación a muchos, produjo en el resto una fuerte apatía hacia la clase política y una desconfianza en extremo opuesta a la aprobación que esperan los gobernantes.
Se necesitan con urgencia no palabras sino acciones que muestren pasos firmes para cerrar las brechas sociales, para fortalecer la solidaridad especialmente en los programas en ella basados y en aquellos que se vean claramente dirigidos a una sola Costa Rica, en la que los derechos básicos de los seres humanos sean para todos.