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Miércoles, 12 de agosto de 2020



FORO DE LECTORES


Para algún costarricense en el 2090

Álvaro Rojas [email protected] | Jueves 02 abril, 2020

Alvaro rojas

“Querido lector del futuro”, como quien pone una carta en una botella y la lanza al mar esperando algún día ser leída, así es que estas palabras se redactan desde San José un 29 de marzo del 2020 y se hacen en medio de un escenario sin precedentes para nuestro país. Estamos en medio de una pandemia y los efectos, a nivel de salud, son complejos y, a nivel económico, devastadores, con miles de desempleados, emprendimientos que fueron levantados con sudor y lágrimas hoy cierran sus puertas para nunca más abrir, las calles colapsadas de carros están vacías. Nuestra intención no es contarle esa parte de la historia, ya que estoy seguro de que, si entras a los buscadores, vas a poder encontrar con lujo de detalles lo que sucedió e, incluso, ver las cosas que, para nuestros efectos, están por suceder porque, en este momento, no sabemos cómo terminará todo esto.

Te queremos compartir, con mucha pena, que el Covid-19 nos tomo desprevenidos, no la vimos venir porque, entre otras cosas, estábamos muy enfocados en ser la versión más egoísta de la sociedad costarricense en toda la historia; mutilándonos con harto descrédito unos a los otros por pensar diferente, unos diciéndoles “ramashekos” a los otros por su creencia religiosa y los del otro bando lanzando dardos cargados de desprecio a quienes tienen otra preferencia sexual, los pro-vida, los del aborto, los taxistas, los ubers, los empleados públicos, los privados, los millenials, los boomers, los de negocios tradicionales, los de negocios modernos, los conservadores, los “progres”, los de derecha, los de izquierda, los de la clase alta, los de la clase popular y los políticos de diferentes partidos. Todos metidos en un ring tratando de tumbar al otro sin piedad ni misericordia, cada uno bajo sus propios intereses, utilizando un arma potenciadora de veneno que nos dio esta era: las redes sociales.

Todo esto nos sorprendió en medio de un coliseo social que, dependiendo de cuál sea el tema a tratar, es así quien debía bajar a la arena para combatir contra otro compatriota con tal de reforzar quién tiene la razón, cuáles ideas son las correctas y tratar de imponerlas a como de lugar, la mayoría con la misma táctica: alzando la voz con sus creencias como verdades absolutas y humillando las de los demás. Todo mientras el resto del pueblo se sienta en la tribuna como público romano a ver el espectáculo y alimentarse de él.

La pandemia nos encontró señalándonos los unos a los otros de intolerantes, sin comprender que todas las justificaciones que usábamos para desacreditar a otros estaban cimentadas en el mismo principio de intolerancia del cual acusamos a los demás, perdiendo poco a poco el valor por el ser humano y su dignidad, generando tanto miedo de opinar libremente, que paralizó a muchos por medio del temor de no calzar en los moldes que construyó esta sociedad bajo los estándares equivocados, una sociedad que como dice un buen amigo es primaria y acartonada pues en ese orden podía controlar y estratificar.

En medio de ese escenario, apareció el coronavirus y, en sus primeras intervenciones, el espíritu mezquino que reinaba en nuestra sociedad fue el primero en manifestarse, saltó con compras desmesuradas, saqueos de anaqueles sin importar los demás, críticas desmedidas por doquier que dicen qué se debería hacer, haciendo filas en los bares sin importar las recomendaciones, entre otras lamentables acciones.

Pero en las semanas siguientes, un día, se ha asomado una leve luz de esperanza, la mayoría comenzamos a reaccionar y nos dimos cuenta que todos, sin excepción, teníamos algo en común, un enemigo que, ese día, se convirtió en nuestro enemigo público, en el enemigo de todos; de repente, gran parte del colectivo hemos comenzado poco a poco a dejar de luchar entre nosotros y nos enfocamos en ayudarnos entre todos. Nos dimos cuenta de que el virus tenía un perfil “comunista” y nos veía a todos por igual, más iguales de lo que nos estábamos viendo a nosotros mismos.

Estos días, en medio del caos, esta sucediendo algo mágico, estamos dejando de vernos tan diferentes para empezar a unirnos, a pensar en un objetivo común, banca pública y privada que aportan flexibilidades, instituciones del estado que dan lo mejor de sí para aportar valor correctivo y preventivo, montamos en una semana un centro de salud provisional, aprobaciones legislativas en tiempo record, empresas que apoyan a los trabajadores, a los turistas, a los desempleados, a los empresarios, a los emprendedores. La mayoría de gente no sale para no contagiar a otros y reducir la expansión, profesores que ofrecen asesorías gratis y virtuales, profesionales de la salud que lo dan todo sin medida, empleados públicos doblando turnos, chefs que compartiendo recetas para quienes están en casa, entrenadores que mostrando sus rutinas, hoteles que se ofrecen para recibir enfermos. Los colores de algunos políticos se cambiaron por el color de nuestra bandera, empresarios que están ofreciendo orientación a emprendedores, estamos

desarrollando nuevos métodos, nuevas formas, la mayoría unidos y jalando para el mismo lado porque nos dimos cuenta de que jalar la cuerda cada uno por su lado hace tanta tensión que el resultado es restarle velocidad a Costa Rica. La mayoría ahora tenemos un objetivo: que esto acabe pronto con la menor afectación de salud y poder reactivar la economía lo antes posible; aunque lastimosamente siempre quedan algunos inadaptados.

Estos días nos ponen a pensar, ¿dónde estaría Costa Rica hoy si esta unión la hubiésemos tenido años atrás?, pero también ¿dónde podemos estar en el futuro si esta fuerte sinergia permanece? La respuesta a esta última pregunta, espero que usted que me lee en el 2090 la tenga y sea positiva porque esto lo escribimos desde el ojo del huracán, sin saber qué sigue.

Solo esperamos que ahora que Costa Rica se unió para luchar contra su enemigo público, no vaya a ser flor de un día porque peor que el Covid-19 es que todo pase y no haber aprendido nada o que, cuando todo se resuelva, volvamos a competir por ser la generación más egoísta de nuestra historia y regresemos a nuestro “modus operandi”; si eso vuelve a suceder, este artículo será una simple anécdota de algo lindo que nos sucedió en medio de la pandemia o, por el contrario, podrá reflejar el día en que nació una de las épocas más gloriosas de nuestro país que tuvo como punto de partida el día en que Costa Rica se unió nuevamente.

Con cariño, para algún costarricense en el 2090 de un compatriota del 2020.





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