Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 14 Abril, 2016

De rebote, los capitales ticos que han andado por estos atajos sí han sido tocados. Los que han respetado la ley, podrán respirar tranquilos. Los que emigraron en pos de ventajas fiscales, deberán encarar a Tributación Directa. Y los que lavaron, la verán fea, muy fea

De cal y de arena

Papers Unsafers

Algo huele a podrido en Panamá. Mayor sería la pestilencia si la invasión a la intimidad de los expedientes sobre los movimientos de multitud de sociedades mercantiles y sus cuantiosas fortunas, se hubiese producido en paraísos fiscales bastante más grandes como lo son Singapur, Bermuda, Caimán e Islas Vírgenes Británicas. Ni que decir de lo que se moviliza en Delaware, Wyoming y Nevada, hacia donde inmigran capitales en busca de un refugio. Reuven Avi-Yonah, profesor de Derecho de la Universidad de Michigan, refiere que la evasión oscila entre $20.000 y $70.000 millones en tanto The Economist ubica en $7,6 trillones las cuentas off shore en el mundo. Son capitales cobijados por la hospitalidad de paraísos fiscales movilizados legalmente (quizá no moralmente). En Delaware, por ejemplo, se han asentado 945.000 firmas de todo género y propósito, atraídas por las ventajosas políticas diseñadas para pagar menos tributos, facilitar consolidaciones y transacciones, a veces de dudosa esencia ética. Hay en Islas Caimán un edificio —Ugland House— que sirve de domicilio a 18.000 compañías que realizan movimientos legales como también operaciones financieras dudosas. Según Yonah sus dueños llegan allí —así como a los otros paraísos fiscales del Caribe— confiados en una conducta tradicionalmente hospitalaria, con un marco legal derivado de la institucionalidad británica, con la facilidad del idioma y por sugerencia de bufetes de abogados con amplia práctica en estos ajetreos. Son, en todo caso, domicilios del gran capital muchísimo más grandes que Panamá. Tanto así, que los analistas del tema coinciden en que si solamente se tratase de “levantarle los chingos” a Singapur, el mundo entraría en “shock”. ¿Por qué, entonces, la operación de romper la intimidad se dirigió solo hacia los expedientes tramitados por el bufete panameño Mossack Fonseca? Esta es la gran nebulosa, expuesta a todo tipo de especulaciones.
Panamá “se sacó la rifa”. Tal vez por gracia de una habilidosa jugada de carambola en la que algún enorme centro de poder montó la filtración de los “Papeles de Panamá” y puso a jugar todas las bolas de la mesa del billar. El gobierno francés apuró el retorno de Panamá a la lista de los paraísos fiscales y el Comisionado para Asuntos Financieros de la Unión Europea, Pierre Moscovici, se mostró “furioso e indignado” con lo que se había destapado que calificó de “inmoral e inaceptable” tras preguntarse qué porcentaje de ello fue ilegal. “Seguramente gran parte” dijo en rueda de prensa. Lo que sigue, ahora, va a forzar al gobierno panameño a cerrar portillos y rendijas. Y aquellos grandes paraísos fiscales, ¿no los van a tocar? De rebote, los capitales ticos que han andado por estos atajos sí han sido tocados. Los que han respetado la ley, podrán respirar tranquilos. Los que emigraron en pos de ventajas fiscales, deberán encarar a Tributación Directa. Y los que lavaron, la verán fea, muy fea.
Hay que agradecer al periodismo que ha emprendido esta importante tarea aséptica.

Álvaro Madrigal