Enviar
Pánico europeo, España ante el rescate

El pánico vuelve a la Unión Europea (UE) ante las presiones alemanas de que España recurra al fondo de rescate europeo, ante el temor de que el país no logre salir a flote por sí mismo.
La respuesta ibérica fue ambigua. Oficialmente se niega la posibilidad de la ayuda, pero a lo interno se reconoce que intervención no sería el apocalipsis
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha presionado al titular de Economía, Luis de Guindos, para que el Ejecutivo pida el rescate del fondo europeo.
Sin embargo, el discurso de Berlín es que reitera su confianza en las medidas que está adoptando España para sanear la banca.
Desde París, el ministro francés de Finanzas, Pierre Moscovici, señaló que la decisión de pedir o no el rescate europeo es algo que tienen que decidir los españoles, pero que "la mano está tendida" y que apuesta por mecanismos para capitalizar los bancos en dificultades sin pasar por los Estados.
Fuentes del ejecutivo español dijeron que "no existen presiones" por parte de Alemania, en reacción a lo publicado en ese sentido por el semanario germano Der Spiegel.
Por su parte, el portavoz del gubernamental Partido Popular (PP) en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso español, José María Beneyto, causó polémica al señalar que la eventual intervención económica de España es un escenario que "no hay que excluir".
Aseguró que ello no sería el "apocalipsis" para el país, porque en Portugal e Irlanda se han intervenido sus finanzas sin que se haya producido su colapso.
Pero advirtió de que ese posible escenario obligaría a adoptar medidas duras como "bajar el sueldo de los funcionarios o las pensiones", pero también a "revisar el Estado autonómico", dijo.
Por otra parte, la Comisión Europea (CE), el Consejo de la UE, el Banco Central Europeo (BCE) y el Eurogrupo trabajan en un plan global, por encargo de los líderes de la UE, para llevar a cabo una reestructuración a fondo de la zona del euro a abordar en la próxima cumbre, a finales de junio
El presidente del Consejo, Herman van Rompuy; el de la CE, José Manuel Durao Barroso; el del BCE, Mario Draghi, y el jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, recibieron ese encargo en la última cumbre informal de la UE, el pasado 23 de mayo.
Los cuatro representantes de las principales instituciones implicadas en la cuestión deberán elaborar una especie de hoja de ruta que afectará "a todos los niveles" de la UE y que se presentará a los líderes en su cumbre de finales de junio.
El propósito es que el plan, que es calificado de "proyecto revolucionario" por el rotativo, sea discutido, perfilado y adoptado a más tardar a finales de este año.
Su resultante será una nueva UE. Los líderes consiguen el necesario consenso para ello, puesto que lo contrario implica el riesgo de escisión entre los 27.
El programa incluirá medidas concretas para impulsar el crecimiento y no concentrarse únicamente en la austeridad, puntal hasta ahora de la vía preconizada por el Gobierno de Angela Merkel.
El BCE debe, asimismo, estar preparado para actuar más decididamente y dotarse de mecanismos centralizados de supervisión sobre el conjunto de la banca.
El propósito de la hoja de ruta, cuyo punto álgido será la unión fiscal, es estar mejor equipado frente a situaciones como la actual y responder a las presiones internacionales para superar la crisis de la zona del euro, tras dos años en persistente situación de emergencia.
La propia canciller apuntó la necesidad de diseñar un programa global esta semana, al afirmar que se debía reflexionar acerca de cómo debe evolucionar Europa "en los próximos cinco a diez años".
Merkel ha mostrado su disposición a modificar ciertas posturas hasta ahora consideradas inamovibles.

Madrid, Berlín y París / EFE
Ver comentarios