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Sábado 5 Abril, 2014

Parece que estos ilustrados señores hacen la vista gorda al ignorar el sagrado fundamento del “espíritu de la ley”


Palo jurídico

Jueces y magistrados tienen la obligación de dar fiel cumplimiento a las disposiciones insertas en la ley, pero parece que estos ilustrados señores hacen la vista gorda al ignorar el sagrado fundamento del “espíritu de la ley”, esencia que se extrae de la “interpretacio”, con la misma acuciosidad, fino y honesto análisis con que el investigador científico le llega “al alma” del asunto.
La aplicación fría, desalmada, de la ley que dicta: “A quien se encontrare infraganti robándole la billetera a una persona, se le cortará la mano”. Esta disposición, dicen aplicable en tiempos de Ubico, bien no podría haber necesitado la intervención de un letrado.
Pero cuando una alta autoridad de la institución, llámese gerente médico, de la CCSS, ante el clamor de médicos, enfermeras y administrativos, y pruebas evidentes de que aquel funcionario era perjudicial para la Institución, en virtud de que no estaba realizando adecuadamente su trabajo —mal podría haber hecho la gerente si hubiera hecho caso omiso, y decirse: “este asunto mejor no me lo compro yo”— con apego a las altas responsabilidades de su cargo, estudia, consulta, y luego toma la valiente y sabia decisión de despedir a tres funcionarios del San Juan de Dios.
La seguridad de las pruebas la hacen agregar: “Sin responsabilidad patronal”, en defensa de los intereses de la institución para la cual trabaja. Eso es mística, eso es lo opuesto a la “mediocridad” que devora las entrañas del Estado costarricense desde hace varias décadas.
Y viene la intervención de LA JUSTICIA, con la venda bien amarrada en su faz y desecha todos los argumentos que la institución esgrime a través de la gerente, de la junta directiva y de la presidencia de la Caja… La señora vendada deja pasar seis largos años y zas, un solo machetazo en la nuca de la institución cumbre y madre de nuestro sistema: Lo que en cualquiera de los países desarrollados no hubiera pasado a más, el despido es suficiente castigo; aquí en CR, una vez que según criterio de los jueces, el despido no correspondía, se obliga al patrono a pagar un mes de preaviso y el salario de un mes por el número de años laborado, y gracias.
El feliz trabajador coge su platica y se va para su casa. PERO AQUÍ NO: La Dama Vendada obliga a la Caja a pagarle los salarios durante los ocho años que el señor disfrutó viendo tele en su casa; además, condena a nuestra institución a pagarle ¢10 millones al funcionario despedido, ríanse o lloren nuestros lectores: por daño moral. Felizmente la sentencia se dio solo seis años después; si los señores jueces y magistrados hubieran dejado pasar unos añitos más, a la larga hubiéramos tenido que ponerle un candado a esta Benemérita Institución o atrasar un pedido de medicamentos.
A los médicos y funcionarios que llamaron a mi teléfono de la junta directiva rogándome que metiéramos mano en el San Juan, donde imperaban el desorden, la pérdida de tiempo, las escapadas, el robo de materiales, los biombos, etc. les contesto tardíamente: “Ustedes estaban hechizados, equivocados, ciegos o mal intencionados, el San Juan estaba perfecta y excelentemente dirigido, pidámosle perdón de rodillas a los directores. Y les agregaría: Ustedes no sabían nada, la verdad, los que realmente conocían lo que pasaba en el San Juan, eran los jueces y magistrados de nuestro oscuro país.
Rodolfo Borbón Sartoresi
Exdirector CCSS