Abel Pacheco

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Lunes 21 Marzo, 2011



Al nacer estaba lejos de ser una expresión grosera y soez, pero con el tiempo, “pachuco” se convirtió en calificativo para conductas y hablares antisociales e inaceptables

Parlatica
Pachucos


Allá por la tempestuosa y colorida década de los años cuarenta, nació en las barriadas latinas californianas una llamativa moda masculina en el vestir, que los angloparlantes denominaron “zoot suit”, y los mexicanos, sus inventores y propulsores bautizaron “estilo pachuco”.
Lógico es pensar que estos muchachos provenían de la ciudad de Pachuca, capital del estado azteca de Hidalgo y conocida como “La Airosa”, por el constante ventolero que la caracteriza.

Vestían sombrero alón, con una coqueta pluma lateral que sobrepasaba la copa; camisa deportiva semiabierta; saco de muy amplias hombreras y solapas, cuyo ruedo alcanzaba casi las rodillas; pantalón estrechísimo en los tobillos que se tornaba exageradamente amplio conforme ascendía piernas arriba y zapatos brillosos de dos colores.
El atuendo se complementaba con una larguísima cadena dorada o leontina, de la cual colgaba un llavero que hacían girar enrollándolo y desenrollándolo en el dedo índice, largas patillas y un bigotín cuidadosamente recortado.
Sumaban a tal estampa un caminar bailoteado y un piropeador discurso lleno de neologismos.
Germán Valdés (hermano de “don Ramón” y de “El Loco”), conocido por su nombre artístico de Tin Tan, encarnó a los pachucos de entonces y, desde las excelentes películas mexicanas de aquellos días nos dio a conocer su sentir, actuar y hablar.
Tanto aquí como en otros países hermanos, tuvo sus seguidores.
Palabras como “chante” por casa, “las gaviotas” por hasta luego, “carnal” por amigo o hermano, fueron aceptadas por los ticoparlantes.
Si bien pintoresca, la moda y sus agregados al nacer estaban lejos de ser groseros y soeces, pero con el paso del tiempo, estas expresiones pasaron a ser monopolizadas por los sectores más vulgares y “pachuco” se convirtió en calificativo para conductas y hablares antisociales e inaceptables.
La pachucada es hoy el tsunami capaz de destruir nuestra identidad, la esencia misma de lo costarricense.
Debe ser combatido en calles, oficinas, aulas, estadios, hogares, medios de comunicación y ¡hasta iglesias!
Las alternativas son, arrancarlo de raíz, o sucumbir… Triste sí, pero así es.

Abel Pacheco