Otros juegos prosperan en Río al margen de los Olímpicos
ShutterStock/La República
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Si usted piensa que los atletas deben luchar hasta el final en Río, tendría que ver en qué andan las corporaciones. Desde Heineken hasta Nissan y Visa, las compañías han montado salas y planes de mercadeo cada vez más elaborados para atraer clientes, olfatear futuros acuerdos de patrocinio y promover su producto más reciente.

Ni en los grandes eventos deportivos las salas de recepción han tenido semejante escala. Fuera de las sedes, los Juegos Olímpicos se han ido transformando con el tiempo en una versión moderna de la Exposición Universal.

El fabricante de relojes Omega convirtió un centro cultural frente a la playa en una sala de cócteles VIP y museo del reloj. Entre los invitados de primer nivel figuran la top model Alessandra Ambrosio y el astronauta Buzz Aldrin.

En un hotel de lujo sobre la playa de Copacabana, Visa exhibió una serie de dispositivos de pago para llevar que van desde anillos hasta pulseras. Una banda en vivo tocó para los visitantes que circulaban entre puestos de comida y una barra libre.

En asociación con el Comité Olímpico Holandés, Heineken convirtió el deteriorado Clube Monte Líbano en un club de playa con temática olímpica. Mientras los huéspedes en traje de baño bebían cócteles al borde de la piscina y miraban los juegos, el máximo responsable de Heineken, Jean-François van Boxmeer ofrecía un almuerzo para ejecutivos de empresa brasileños.

A comienzos de la semana, el máximo responsable de Fórmula Uno, Bernie Ecclestone, asistió a la inauguración –la compañía cervecera patrocina la serie de carreras- al igual que el responsable de World Rugby, Bill Beaumont, que está negociando un patrocinio con Heineken para la Copa Mundial 2019.

“Todo el mundo está aquí”, dijo Hans Erik Tuijt, responsable de patrocinio global de Heineken, bebiendo un batido en una terraza. “Si usted quiere una reunión con alguien del deporte, el lugar para estar es Río”.

La sala de recepción original para los Olímpicos se creó en los juegos de Barcelona en 1992, una carpa modesta donde los visitantes podían beber una Heineken. La llamada Heineken Holland House, constituyó la primera oportunidad en que un país y un patrocinador se asociaron para improvisar un club deportivo destinado al equipo holandés y sus simpatizantes.

Con un personal integrado por 300 empleados pagos además de voluntarios en colaboración con el Comité Olímpico Holandés, Holland House tiene dos pisos, varias áreas de comidas, una piscina y un club nocturno. Se espera que unos 75 mil visitantes pasen por el lugar antes del final de los juegos.

 



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