Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 17 Noviembre, 2011


De cal y de arena
Ortega, cinco años más

Con fraude o sin fraude, Daniel Ortega se mantendrá en el poder por cinco años más. De nada vale desgastarse en una crítica a la calidad del proceso electoral y a los vicios y debilidades del régimen, como la que está distrayendo a la administración Chinchilla. No está en nuestras potestades decidir cómo acometer su tránsito electoral ni cómo trazar las líneas maestras de la democracia en Nicaragua.
Daniel (y doña Rosario también) se han asegurado la continuidad de su reinado, hoy del brazo de la oligarquía económica que se siente muy a gusto tras blindar sus intereses por virtud de un acta matrimonial que pone a buen recaudo los territorios que son de cada una de las partes. Todo como en los tiempos de los Somoza, inclusive con aquella sentencia que relucía en la Loma de Tiscapa: “La crítica pasa y el poder queda en casa”.
Debe el gobierno de Costa Rica ocuparse de la definición de una política de contenidos realistas y contestes con el interés nacional de cara a un vecindario, Nicaragua incluida, que ha cambiado.
La perturbación y la ira provocadas por los atropellos de que ha sido objeto nuestra soberanía en los territorios fronterizos, no debe obnubilar la mente ahora que precisa reformular los términos de esas relaciones, con la lógica prioridad del proceso que gestiona Costa Rica en la Corte Internacional de Justicia en procura de recuperar su soberanía sobre Isla Calero y sin que sea óbice para entrarles de lleno a los contenidos de un nuevo enfoque de las relaciones con Nicaragua.
Ortega gobernará por cinco años más y no está en nosotros tumbarlo ni satanizar todo cuanto haga. Berrinches aparte, hay que nombrar al más idóneo de los embajadores en Managua y acometer la reconstrucción de las relaciones políticas y comerciales, donde hay mucho que hacer por las implicaciones de los TLC y por la llegada a la región de ese devastador poder el narcotráfico y el crimen organizado y del flujo de indocumentados.
Después de todo, Ortega renovó su mandato por una complaciente interpretación del Tribunal Constitucional que le despejó la ruta a las urnas (igual sucedió aquí). La riqueza se ha concentrado en pocas manos y la creciente pobreza y la desigualdad la padecen allá, como aquí.
El ganó con buena dosis del “nitrofoska electoral” que repartió pan y circo, como aquí también.
Si nos ganó la carrera por llevarle progreso a su frontera con Costa Rica, ocupémonos de los derechos de nuestros habitantes ahí. Nuestros índices de inseguridad ciudadana son más preocupantes que los de ellos y en infraestructura vamos igualmente abajo. Preguntémonos por qué perdimos liderazgo y si hacer las del avestruz es lo pertinente, en particular con Nicaragua, cuando el mejor sentido realista recomienda reformular la política costarricense con el Istmo.
Sin omitir el reto de recuperar las líneas maestras de la acción del Estado que le dieron a Costa Rica sitial privilegiado por sus conquistas políticas, sociales y económicas.

Alvaro Madrigal