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Instituto gestiona construcción de cuatro plantas que ha pospuesto por años debido al rechazo popular
Obras hidroeléctricas emergen del olvido

• Nuevas plantas servirían para abastecer al país de electricidad por los próximos 12 años
• Opositores cuestionan que proyectos afectarán comunidades indígenas y actividades turísticas de aventura

Danny Canales
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Cuatro de los proyectos energéticos que han generado mayor polémica en el país vuelven a la carga.
Ellos son los planes hidroeléctricos Diquis, Reventazón, Pacuare y Savegre, los cuales pretende desarrollar el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) con una inversión estimada de $3.225 millones.
El desarrollo de esas obras forma parte del plan de expansión eléctrica, mediante el cual se busca garantizar el suministro eléctrico por los próximos 12 años, justifica el ICE.
Los cuestionamientos a los proyectos energéticos van desde que ocuparán tierras indígenas y afectarán actividades comerciales, hasta que generarán poco beneficio social a las zonas.
Para tratar de revertir la oposición que ha existido contra la construcción de las plantas hidroeléctricas, el ICE realizó cambios a los diseños, varió el sitio de algunas de las obras y redujo el tamaño de los embalses.
Además, el Instituto impulsa una campaña mediante la cual pretende persuadir a las comunidades de los beneficios sociales y económicos que traerán los proyectos a las zonas donde estos se edificarán.
La consigna del ICE es construir los nuevos proyectos sí o sí, pues justifica que de posponerlos una vez más se corre el riesgo de introducir al país en una crisis eléctrica.
Costa Rica registra un crecimiento de la demanda eléctrica del 6% anual, por lo que debe duplicar la producción en 12 años, dijo Gilberto de La Cruz, director de planificación eléctrica del ICE, quien destacó que en region
es como Guanacaste y el Pacífico Central el aumento del consumo superó el 14%.
Diquis ha sido el proyecto que ha enfrentado más oposición en la historia y el que encabeza la lista de obras prioritarias del ICE.
La construcción de ese proyecto ha estado archivada desde la década de 1970 debido al rechazo de los vecinos de Buenos Aires y localidades asentadas en la margen del río Térraba, quienes cuestionan que la obra ocupaba territorios indígenas.
Además se cuestionó que el gran tamaño del embalse podría reactivar fallas sísmicas que existen en la zona sur.
Como reacción a las críticas que ha desatado el proyecto en la zona sur, el ICE se ha visto obligado a modificar tres veces el diseño y el nombre de la obra. Primero se llamó Boruca, luego Veragua, hasta llegar a Diquis.
También se modificaron el lugar, el tamaño del embalse y la producción. Ahora se hará en el río El General, no en el Térraba; el embalse será de 100 metros, no de 300, y producirá 630 megavatios y no los 1.500 originales.
El desafío del ICE es iniciar la construcción de esa planta a partir del próximo año para que empiece operaciones en 2016, detalló Greivin Mayorga, director de proyectos y servicios asociados de electricidad del ICE.
Incluso en ese sentido, Oscar Arias, presidente de la República, declaró este proyecto de conveniencia nacional e interés público para agilizar su construcción.
También para el próximo año se tiene proyectado el inicio de la construcción de la planta hidroeléctrica Reventazón.
De salir las cosas como las tiene planeadas el ICE, el país podría disponer de los 300 megavatios que producirá ese proyecto a partir de 2014.
Empresas dedicadas al negocio del “rafting” y los vecinos de las zonas de influencia del Reventazón han sido tradicionalmente los principales detractores de la obra.
Ellos aducen que de co
nstruirse una represa podría afectar el caudal del río, lo que amenaza la actividad que desarrollan y de la cual viven varias familias de la región.
En este caso, las autoridades del ICE defienden que la represa se construiría en un punto donde la fuerza de la corriente no la hace apta para la práctica del “rafting”, afirmó De la Cruz.

Al diseño de la planta hidroeléctrica Pacuare también se le hicieron cambios para no afectar el negocio turístico que se desarrolla en el río del mismo nombre.
El principal cam
bio fue desistir del proyecto Siquirres, que comprendía la construcción de un embalse aguas abajo, debido a que así lo dispuso un plebiscito realizado en la zona.
“Pacuare se hará aguas arriba, lo que más bien mejorará el flujo de agua y será de provecho para la actividad turística que se desarrolla en ese río”, aseguró De la Cruz.
Aunque el cronograma de obras apunta a que la construcción de Pacuare debe iniciars
e en 2013, para que los 160 megavatios de energía que producirá estén a disposición en 2019, el ICE planea aligerar el arranque de las obras para 2011, para que esté listo en 2017, dijo Mayorga.
Agregó que la intención es adelantar también para 2011 la construcción de Savegre para que entre en funcionamiento en 2017. Ese proyecto generaría 200 megavatios, aprovechando las aguas del río del mismo nombre.
L
a dificultad que ha enfrentado Savegre es que los vecinos no están convencidos de que el proyecto traiga provecho social a la región, y más bien temen que genere un impacto ambiental irreversible.
Para cambiar la percepción de los lugareños, el ICE ha iniciado una campaña de comunicación de las ventajas que abrirá la construcción de la planta para la comunidad.
“El proyecto llevará facilidades a la región, como mejores caminos de acceso y la apertura de fuentes de trabajo”, expuso Mayorga. El funcionario comparó que “por ejemplo, el proyecto hidroeléctrico Pirrís abrió 1.100 fuente de empleo directo”.
Los cuatro proyectos hidroeléctricos tendrán su propio em
balse para almacenar y así asegurar el abastecimiento eléctrico durante todo el año.
Los cambios al diseño han logrado disipar parte del repudio que levantaron las plantas elé
ctricas por años, sin embargo hay sectores que continúan en la lucha para evitar la construcción de las obras.
“La situación que enfrenta el país y el mundo obliga a aumentar la producción hidroeléctrica, pero los proyectos eléctricos deben ser bien analizados para que no afecten otras actividades”, comentó Enrique Feterman, gerente de la empresa Miki Travel Agency, la cual ofrece paquetes de “rafting” en el río Pacuare.
En ese sentido, el empresario turístico comentó que con una adecuada planific
ación pueden convivir paralelamente la planta hidroeléctrica y el negocio turístico en el río Pacuare.
“El lago
del Arenal es un ejemplo de desarrollo balanceado, pues su construcción vino a crear una comunidad y una industria turística creciente alrededor del lago”, explicó Feterman.
No obstante, el proyecto Diquis no corre igual suerte, pues mantiene el rechazo de las comunidades indígenas, que denuncian que la represa se ubicará en sus tierras y obligará el
desalojo de unas 1.200 personas.
Aunque en el ICE reconocen que el nuevo sitio abarca territorio indígena, aseguraron que es una pequeña porción, pues se ubicará en una zona donde hay más blancos.













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