Johnny Leiva

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Obra pública: crecimiento y desarrollo

Una de las funciones del Estado es proveer a los administrados los servicios públicos y la infraestructura pública necesarios para su bienestar personal y para la habilitación de medios que le permitan a la sociedad producir, distribuir, comercializar —en el mercado interno o externo— los bienes y servicios necesarios para generar empleos y distribuir prosperidad.

A veces cometemos el error de reducir las obras de infraestructura pública a aquellas destinadas a construir carreteras. En realidad, la obra pública es un elenco mucho más variado que tiene que ver con la construcción de centros educativos, centros de salud, acueductos, alcantarillados, puertos, aeropuertos, redes eléctricas y para telecomunicaciones, vivienda de interés social, edificios para oficinas públicas y un amplio etcétera de otro tipo de obras.

Diversidad de modelos para construir. No se trata de que el Estado o sus instituciones construyan por sí mismas dichas obras pero sí, desde luego, de que las planifiquen, financien —bajo diversos modelos— y las contraten para su diseño, construcción, supervisión y puesta en operación —a veces por parte del propio Estado, a veces bajo otros modelos de administración—. De ahí que, en la actualidad, los modelos de construcción y operación sean diversos; van desde la construcción mediante contratación administrativa hasta obras por concesión pasando por fideicomisos y otras formas de alianza público/privadas.

Para el bienestar de las personas. La primera finalidad de una obra pública es la búsqueda del bienestar y la mejora en la calidad de vida de las personas. Un parque, una escuela, una acera, una red eléctrica, un acueducto, una oficina pública o cualquier otra obra de esta naturaleza tienen y deben tener siempre un elevado impacto en el nivel de bienestar de las personas y una mejora sostenida en su calidad de vida mediante el acceso a la recreación, el agua potable, la luz eléctrica, la educación, la salud, Internet, etc.

Para el mejoramiento de la competitividad. Los países más desarrollados son aquellos que tienen la mejor infraestructura pública. No se trata de que a mayor desarrollo, mejor infraestructura; la ecuación es a la inversa: a mejor infraestructura, más desarrollo. La inversión directa —aquella destina a producir y no a especular— se coloca en aquellos países y regiones en donde la infraestructura pública le ofrece las mejores condiciones para producir, distribuir, comercializar y reinvertir. Caso contrario, las inversiones se irán hacia donde esas condiciones existan. De ahí el vínculo entre obra pública y desarrollo económico.

Para el crecimiento de la economía. La actividad constructiva en general es un indicio del crecimiento de una economía; si la construcción baja es un indicio de que la economía se desacelera y a la inversa, si la primera sube la segunda se acelera. La razón para este vínculo entre construcción y crecimiento económico tiene que ver con la necesidad intensiva de mano de obra, de bienes y servicios locales en la actividad constructiva y el establecimiento de actividades económicas permanentes.

La obra pública es un generador de empleo; es, a la vez, un integrador natural entre grandes obras y pequeños y medianos proveedores de una gran diversidad de bienes y servicios necesarios para la construcción y, finalmente, crea las condiciones para que otras actividades productivas —de carácter permanente— se instalen en el entorno de la obra construida. Si tal obra es, además, una obra pública, se logra que parte del aporte nacional en tributos se convierta en inversiones de capital en lugar de gasto irrecuperable.

La obra pública en el próximo gobierno. El próximo gobierno tendrá que finalizar muchas obras públicas que quedarán inconclusas a la altura de mayo de 2018. Pero, además, el nuevo gobierno deberá presentar, apenas al inicio, su programa de desarrollo de nuevas obras por ejecutar. Cuanto más pronto se presente y más claro sea ese programa, tanto mejor para el país. Los socialcristianos, conscientes de que si llegamos al gobierno en mayo de 2018, nos encontraremos un panorama fiscal crítico, estamos igualmente conscientes de que ese futuro programa de obra pública deberá contar con la contribución de diversas formas para el diseño, financiamiento, construcción y operación de los futuros desarrollos. Dichosamente, somos un partido que está abierto a considerar todas las posibilidades sin prejuicios y con clara convicción de que lo importante es que las obras necesarias se hagan a la luz de contratos negociados con total transparencia, defensa leal del interés público y especial cuidado de las calidades, costos y vida útil de cada proyecto. 

Johnny Leiva Badilla es el jefe de campaña de Rodolfo Piza del PUSC.

 

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