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Les parecerá extraño que compare el proceso para superar la obesidad con un divorcio, pero les aseguro que las dos pesan, duelen, desgastan y se superande la misma forma.

Cuando se trata del divorcio, la sociedad nos golpea todos los días con la frase: “el matrimonio es para toda la vida”, por suerte, TODA LA VIDA, hasta que decimos ¡YA BASTA!. ¿Me creerían si les digo que con la obesidad es igual?, Estamos casados con ella, hasta que le firmamos el divorcio.

Según los expertos en sicología, el divorcio tiene cinco etapas, cada una igual de dolorosa que la anterior; así mismo pasa con las agotadoras etapas del proceso para dejar la obesidad.

Cuando tenemos obesidad vivimos en una incomoda zona de confort, parece absurdo, pero así funciona, ya que llega un punto donde estamos acostumbrados a todo lo que la obesidad trae, cansancio, pereza, pesadez, dolor de espalda, falta de aire, para mencionar algunas; pero eso es más fácil que cambiar nuestro estilo de vida, hacer ejercicio, levantarse temprano, etc., Pero un día, finalmente nos damos cuenta hasta donde hemos llegado y es en ese momento, al igual que con el divorcio, que empieza la primera de estas cinco etapas, desde mi experiencia la más corta: La negación.

Dice la sicóloga Sonia Arias que “la negación es un lugar agradable y cómodo en el que se coloca la persona cuando se divorcia para pasar momentos felices pensando en que todo es temporal”,si, ahí estamos nosotros con la negación por la obesidad, ¡Yo no puedo pesar esto!, ¡Es un error!, ¡Esa no soy yo!, ¡La nutricionista está loca!, lo que sin ninguna duda desemboca rápidamente, la segunda etapa: La ira.

Budha, dijo que “el sentimiento de ira se asemeja a tomar un carbón ardiente entre las manos con la intención de lanzarlo a alguien más y que al final el único que se quema es uno mismo.”


En la etapa de la ira, nos reprochamos todo lo que hicimos o dejamos de hacer, lo que planeamos y no cumplimos, las mil promesas, los abusos, las humillaciones y sentimos odio por nosotros mismos, como decimos los ticos, “¡Que chicha me da!”. Todo porque es muy difícil aceptar la responsabilidad y entender que nadie más que nosotros mismos, nos trajo hasta este momento. Cuando nos damos cuenta de nuestra realidad, sufrimos sentimientos de incompetencia, de fracaso que en el momento no logramos canalizar eficazmente y esta frustración se transforma en ira.

Cuesta salir de esa etapa, explica Sonia que “Aunque es necesario pasar por la etapa de la ira, no es bueno quedarse estancado en esta etapa por mucho tiempo pues la ira es auto-destructiva y altamente peligrosa. El quedarse en la etapa de la ira por mucho tiempo retrasa la recuperación y no permite que la persona abandone el odio, los rencores y los pensamientos negativos que la detendrán a comenzar el proceso de la recuperación y dejar de sufrir.” Pero pasa, únicamente que el sentimiento siguiente no es tan agradable, porque la tercera etapa es Culpabilidad.

En este caso a diferencia del divorcio, donde la culpa es, casi siempre compartida, aquí si es 100% nuestra responsabilidad y cuando lo entendemos, con mucho sufrimiento y angustia, empiezan los verbos a casarse con el famoso “ía”, “yo debería haber comido…” “yo podría haber…”, por lo que casi sin notar el momento del cambio de etapa, llegamos a la cuarta, el dolor.


No hay mucho que decir sobre esta etapa, tal vez la más difícil de superar, pero muy necesaria, porque entendemos que “lo que no te mata, te hace más fuerte”, es cuando tocamos fondo. Personalmente, tanto en mi divorcio como en mi decisión de encontrar un estilo de vida saludable, fue esta etapa la que me llevo a decir con lagrimas en los ojos, el corazón hecho un puñito y las fuerzas en cero: ¡TE EXIJO EL DIVORCIO!. Y en ese momento llega la etapa más importante del proceso. La aceptación.

La aceptación nos conduce a dejar el rol de víctimas y convertirnos en autosuficientes, capaces de ser felices y de soñar, nos capacita para luchar, a buscar opciones y soluciones, a caer con dignidad y a “auto-levantarnos”, porque finalmente hacemos consciencia que somos el único ser responsable de nuestra vida y de nuestra situación actual.

Así que, si usted esta en esa dolorosa y desgastante relación con doña obesidad, le invito a que #soloporhoy, sin ningún temor a equivocarse, le grite: Obesidad… ¡Te exijo el divorcio!. Para que así viva, supere ese proceso y sea libre. No es un camino fácil, pero cada cicatriz le recordará a dónde no quiere regresar y quién le sacó de ahí.

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