Enviar

La estructura del mercado de este país, de libre comercio y con desregulación, exige nuevos y grandes planteamientos fiscales que de ningún modo deben posponerse

Nuevos planteamientos fiscales

El comportamiento de la economía en general ha provocado que se desacelere el ritmo al cual venía recaudando impuestos el gobierno en el último mes.
Por otro lado, vemos que todos los inconvenientes fiscales que tiene hoy el país se han tratado de resolver o mejorar, temporalmente (mientras se logran recoger mayores impuestos), con medidas que no han dado el resultado necesario.
Ante esta situación, la solución a la cual se echó manos luego de que fracasó el plan fiscal en la Asamblea Legislativa, fue aumentar la deuda externa del país.
Esto, sin embargo, debe ser una medida temporal. Si no se resuelven los problemas estructurales internos esa deuda puede volverse cada vez más grande hasta convertirse en una peligrosa amenaza inmanejable.
Sobra decir que esto hay que evitarlo a como dé lugar.
Así las cosas, se debe pensar en que la estructura del mercado de este país, de libre comercio y con desregulación, exige nuevos y grandes planteamientos fiscales que de ningún modo deben posponerse porque hacerlo podría llevar a que la situación actual de déficit fiscal no solo continúe sino que, cual bola de nieve, crezca, pasando de ser algo temporal a un grave problema crónico.
El gobierno debe enfrentar esta realidad y tomar las medidas necesarias, previa explicación clara y transparente a la población. Deberán exponerse cuáles acciones se llevarán a cabo, porqué razón y garantizando en cada paso a dar una transparencia tal que permita credibilidad en lo que se hace.
La gobernabilidad debe alcanzarse mediante un ejercicio del poder que recupere la confianza en políticos y gobernantes. Estrategias que no incorporen ese factor pueden fracasar en algo como lo que hoy nos ocupa, que no admite ya retrasos.
Es una urgente necesidad, llevar a cabo una verdadera reestructuración del Estado. No débiles medidas que constituyan cierto grado de alivio momentáneo que luego, por haberse tomado a la ligera, pueden debilitar un Estado que se necesita eficiente.
Es necesario tener muy presente que reducir de tamaño al Estado no puede ser una acción ajena a una auténtica reestructuración que signifique garantizar su profesionalización, erradicando de él todo vestigio que lo desvirtúe y aleje de su naturaleza como el clientelismo político, la falta de ética en la función pública y demás males que hoy padece el aparato estatal porque sucesivos gobiernos lo han permitido.









Ver comentarios