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La ineficiencia para reducir los déficits fiscales y optimizar los ingresos constituye el problema central en Estados Unidos y Europa, e incluso en Costa Rica

Nueva recesión amenaza

La posibilidad de que la economía global se encamine hacia una nueva recesión toma cada vez más fuerza.
Aunque la amenaza que se yergue este año es más una crisis de la deuda, sin duda es consecuencia del problema financiero de 2008.
Los enormes estímulos fiscales que procuraron paliar los efectos de la burbuja inmobiliaria en lo que se denominaba el Primer Mundo, no fueron suficientes para retomar la senda del crecimiento; al final no se recuperaron la inversión, el consumo ni el crecimiento económico.
Lo que agrava la crisis de la deuda es la ineficiencia de los gobiernos para reducir los déficits fiscales y para optimizar los ingresos con que cuentan; esto constituye el problema central tanto en Estados Unidos como en Europa, e incluso en Costa Rica.
No se puede dejar de mencionar el hecho de que las principales economías no han sabido enfrentar adecuadamente la competencia internacional proveniente de países emergentes China, India y otros de Latinoamérica, lo cual reduce sus ganancias.
Esta deficiencia productiva trató de enfrentarse induciendo a un aumento en el consumo, lo cual no hizo más que encubrir las causas reales de la crisis. A la vez, los gobiernos recurrieron al gasto desmedido elevando irresponsablemente la deuda fiscal. Es lo que los ticos llamamos “patear la bola hacia delante”.
No podemos negar que los esquemas mundiales económicos y comerciales se están modificando.
Las economías emergentes siguen diversificando sus mercados y abandonan su dependencia de Estados Unidos y los países europeos, como consecuencia, han sacado su capacidad para entronizar un incipiente liderazgo.
La cumbre entre Angela Merkel, canciller alemana, y Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, no satisfizo las expectativas de solventar la crisis de Europa. Mientras que una simple emisión de bonos para refundir la deuda europea no constituiría una idea prometedora.
Si las viejas potencias no comienzan a liderar ya un nuevo crecimiento económico, el planeta necesariamente entrará a un prolongado periodo de crisis, el necesario para establecer un nuevo régimen.
Por esto, Costa Rica no puede postergar soluciones reales, tanto fiscales como sociales y políticas.
Mientras el mundo tiembla ante un panorama gris  quizás tenebroso, no podemos conformarnos con medidas facilonas como aumentar la carga impositiva, inducir al consumo irresponsable o sobredimensionar programas sociales cosméticos, que solo buscan encubrir los verdaderos peligros que acechan.
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