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Esquina Epicúrea
Nueva ley de fumado

Confieso que fumé durante muchos años y que por buenas razones un día abandoné este vicio. Respeto a quienes fuman, sin embargo, no puedo respetar a quienes no respetan el derecho de los demás por respirar aire limpio… ¡como si hubiéramos nacido fumando!
Pido disculpas a quienes ofendí fumando cerca de ellos, anteponiendo mi necesidad de nicotina al respeto por la salud de los demás.
Por eso aplaudo efusivamente a la ley que regula el fumado en sitios públicos; el derecho natural de respirar aire puro debe de prevalecer sobre cualquier vicio por “más sabroso” que este sea. ¿Cuáles serán las consecuencias?, preguntan inquietos los propietarios de restaurantes.
La respuesta: no pasará nada relevante, quienes quieran fumar saldrán del lugar y la ley dice no se puede fumar en la propiedad, es decir, tendrán que salir a la calle literalmente, si no tienen a donde ir, ¡tendrán que seguir visitando los mismos sitios!
Los que fuman buscarán saciar su necesidad y lo harán donde puedan.
Los que no fumamos iremos más a menudo (¡volveremos!) a restaurantes y bares que hoy se encuentran vedados para nuestros pulmones.
Los que fuman deberán analizar su comportamiento y su vicio se hará más obvio y se verán cada vez más “feos” y diferentes (¡lo siento amigos fumadores!).
Y habla alguien que vivió una de las experiencias más reveladoras, cuando en un aeropuerto de Estados Unidos busqué con ansiedad un sitio para fumar y me encontré finalmente adentro de un cuarto rodeado de ventanales de pies a cabeza a través de los cuales los viajeros que pasaban por los pasillos se detenían atónitos a observar a aquel grupo de desesperados fumadores que inhalábamos y expulsábamos humo con ansiedad pues tampoco se escuchaba en ese recinto las llamadas de abordaje y existía el riesgo de perder el avión.
El cigarrillo no solo atenta contra la vida, eso ya lo sabemos de sobra, sino que provoca una insensibilidad en el paladar que nubla los sentidos y reduce la capacidad de apreciar sabores y olores.
Quizás esto no sea suficiente para que nuestros queridos amigos y amigas (y algunos parientes) dejen el vicio, ya que han desarrollado una adicción más fuerte que su voluntad, en ese caso solo les quedará un sitio, la calle, para seguir extinguiéndose a la vista de todos, expuestos como en vitrina sin ventanas.
Apoyamos a los diputados que aprueban esta ley y devolver el espacio que Hollywood y grandes intereses les quitaron a la salud pública y a la cordura.
Buen provecho y hasta la próxima semana.

Alfredo Echeverría
Director ejecutivo
Grupo HRS Consultores
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