Logo La República

Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Nuestros niños, nuestro futuro

María Luisa Avila [email protected] | Jueves 20 septiembre, 2012



Tricotomía
Nuestros niños, nuestro futuro


El informe de Save the Children para 2012 ubica a Costa Rica como el tercer mejor país del continente de las Américas para ser niños, debido a buenos indicadores de mortalidad en menores de cinco años, índices de escolaridad y acceso a agua adecuada para consumo humano.
Este es un indicador de inversión social, donde se ha privilegiado la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud, vacunas oportunas, adecuada nutrición, control de niño sano, buena salud de la madre y educación son parte de las acciones que han permitido tan meritoria posición.
Aun así, hay un grupo de niños y niñas que aunque tuvieron la fortuna de nacer en nuestro país, sus sueños, sus oportunidades, su salud, su vida se han visto comprometidos por una cruel e inhumana epidemia: la agresión infantil. Es tan contagiosa como cualquier otra infección.
En ocasiones los signos y los síntomas son evidentes, lo que facilita el diagnóstico, otras veces la enfermedad es silente y quien la padece al crecer se la contagia a sus hijos, diseminándola hasta que poco a poco afecta a una buena porción de la sociedad. En ambas ocasiones el tratamiento es complejo y por desgracia algunos niños mueren antes de tan siquiera poder recibir ayuda.
Se han identificado factores de riesgo: baja escolaridad, adicciones, problemas económicos y sociales, sin embargo la epidemia no respeta condición social. El silencio y la ausencia de sospecha clínica es el principal aliado de la agresión, silencio de familiares y vecinos, poca sospecha de médicos y educadores.
En el Hospital Nacional de Niños (HNN), con frecuencia preocupante recibimos niños abusados física y sexualmente, niños golpeados, quemados, punzados, sacudidos, abandonados. La cifra ha venido en aumento, según datos proporcionados por el Servicio de Trabajo Social del HNN, pasamos de 903 casos confirmados en el año 2006 a 1.544 en el 2011, lo que significa 2,47 y 4,23 casos confirmados al día respectivamente.
No hay tratamiento específico, ni único, la respuesta debe ser social, empezando por la denuncia ante la sospecha. No podemos tolerar que el maltrato se justifique, los niños no pueden ser las víctimas inocentes de las frustraciones de los adultos. Si queremos una sociedad menos violenta, es urgente controlar la epidemia de agresión. Los niños agredidos no pueden ser los niños de nadie, ya que son los niños de todos.

María Luisa Avila