Bruno Stagno

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Lunes 5 Noviembre, 2012

Nuestro vecino más incómodo (II)

Si bien las diferencias entre Costa Rica y Nicaragua durante la segunda administración Arias Sánchez siempre fueron administrables y nunca desbordaron en abierta incomunicación o agresión, en parte esto obedeció a que a diferencia de la administración Chinchilla Miranda entonces entendimos el verdadero estado de ánimo de nuestro vecino más incómodo. No me refiero a un estado de ánimo pasajero, sino a algo más profundamente arraigado en el pensar y actuar de quienes detienen el poder en Nicaragua. Porque independientemente de periodos históricos o signos ideológicos, Nicaragua ha estado insatisfecha en relación con Costa Rica.
Esta insatisfacción ha invadido a conservadores como el general Fruto Chamorro Pérez (1853-1855) o liberales como el general José Santos Zelaya (1893-1909), al somocismo como al sandinismo, e incluso a los pocos gobiernos que han tenido credenciales democráticas. Me atrevería a decir por ende que es un rasgo general de la política en Nicaragua y no coyuntural a un gobierno en particular. Esta insatisfacción trasciende asimismo aspectos territoriales como la anexión del Partido de Nicoya en 1824 o la retención de derechos de navegación y conexos en el río San Juan o la co-administración de Bahía Salinas y la Bahía de San Juan del Norte desde 1858. Estos hechos y derechos consagrados de Costa Rica ciertamente tienen algún efecto, pero me atrevería a decir que la insatisfacción es asimismo más sicológica que geográfica —con 130.370 km2 Nicaragua más que duplica a Costa Rica (51.100 km2) y es el país más grande de Centroamérica.
Esta insatisfacción hace de Nicaragua nuestro vecino más incómodo, antes, ahora y después. Por ende, resulta oportuno entender cómo otros han lidiado con éxito con vecinos incómodos. Como adelanté en una columna anterior (22 de octubre 2012), quien más nos alertó hacia la forma de actuar y pensar de un vecino insatisfecho fue el príncipe Klemens Wenzel von Metternich, canciller del Imperio Austriaco de 1809 a 1848. Durante cuatro décadas contrarrestó con éxito las sucesivas pretensiones y ambiciones de vecinos insatisfechos (Francia, Prusia, Rusia), aun cuando le correspondió asumir un Imperio ya derrotado y disminuido por Napoleón. El precedente establecido por Metternich es doblemente aplicable a Costa Rica: primero porque fue de los primeros en identificar la insatisfacción como motivo en la conducta externa de algunos estados, segundo porque siempre privilegió la diplomacia para contrarrestar a los vecinos insatisfechos. Toda su política exterior se basó en la moderación, en hábilmente imponer mediante una diplomacia sin par y no mediante el recurso a la fuerza, un sentido de proporción en la conducta de sus contrapartes.
Y como resultó evidente al iniciar la agresión contra Isla Portillos, el apaciguamiento alegremente practicado durante los primeros 164 días de la administración Chinchilla Miranda liquidó todo sentido de moderación en Nicaragua.

Bruno Stagno Ugarte