Macarena Barahona

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Sábado 31 Octubre, 2009


Cantera

Nuestra abulia

Cuando los costarricenses se organizan de dos en dos, de tres en tres, en pequeños comités, pro búsqueda de un fin, impresionan la decisión, la capacidad asertiva de organización, la creatividad para actividades, la voluntad y la coherencia en las tomas de decisión.
Niños, estudiantes, vecinos, amas de casa, trabajadores, unidos en luchas por caminos, por escuelas, demandando centros de salud, de atención para el adulto mayor, organizaciones para la construcción de un templo religioso, para un parque infantil, para nuevas aulas escolares.
La historia de nuestras pequeñas comunidades es una historia de pequeñas luchas de intereses y objetivos comunales que forjaron padres, abuelos, nietos y bisnietos.
Y también está su sombra, o el otro lado paralelo a esta característica vital que conforma lo mejor de nuestro civismo; este otro lado es: la abulia, el “me'importa a mí”, el "no me toca”, “no es mi asunto”.
La soledad gregaria del individualismo coherente con el egoísmo.
El derrumbe del puente de hamaca que cruzaba el Río Grande de Tárcoles entre los cantones de Turrubares y Orotina, una tragedia anunciada, con su crónica visual y alerta de muchos, observado este desenlace cruel por funcionarios, turistas, vecinos, políticos, en la impunidad del individualismo y el parapeto de dejar nuestras responsabilidades, siempre, para otro.
Es terrible lo sucedido, y desde el Presidente de la República, máxima jerarquía de los funcionarios públicos, que con desidia y desdén, esperan que, probablemente las comunidades busquen gritar, exigir, cerrar caminos, visitas a la presidencia. Para ser vistos, en la invisibilidad de las necesidades para algunas comunidades.
Tal vez, si estas comunidades de Turrubares y Orotina, pegan el grito en el cielo, tiran piedras y todos organizados en un comité del lucha pro puente, … Pero nadie hizo por donde, todos esperando a quien le toca…
La responsabilidad de esta tragedia, la tienen todos un poco, desde el funcionario correspondiente, hasta el vecino más lejano que alguna vez utilizaba el puente.
Estas víctimas nos deben recordar el lado más perverso de nuestra idiosincrasia, la abulia…