Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 17 Noviembre, 2012

Daniel Vargas, nuevo presidente del Cartaginés, inició funciones pasando la escoba por las oficinas administrativas; se supone que la barredora llegará también a la cancha.
Conocí a este brillante joven cuando defendía los colores de Cartago, su querida provincia, como integrante de varios equipos de baloncesto. Alto, fuerte, jugó de poste y fue campeón nacional con UCA-Mucap.
Criado y educado en familia de intelectuales y deportistas, siguió los pasos de sus progenitores hasta alcanzar títulos académicos sin abandonar jamás su pasión por el deporte.
Asiduo asistente al “Fello” Meza, al Polideportivo del TEC, al gimnasio del San Luis Gonzaga, escenario donde brilló como basquetbolista, Daniel Vargas asume la presidencia del Cartaginés, con la misma ilusión como en una ocasión y no hace mucho, su tío Federico Vargas Peralta llegó a la presidencia de la Federación de Fútbol con un grupo de élite, que fue bautizado como “Los Siete Magníficos”, a los que los presidentes fanáticos de los clubes, no dejaron trabajar.
Una vez que el grupo que comanda Daniel termine la poda administrativa y futbolera, debe concentrarse en ver cómo resuelve el grave tumor que condena en cada temporada al Cartaginés al fracaso: el problema mental.
El cáncer que carcome las entrañas de este club es mental.
En nómina, el Cartaginés ha tenido planillas de lujo desde hace muchos años, con estrellas argentinas, uruguayas, centroamericanas; con muy buenos fichajes nacionales, aunque también en algunas campañas ha presentado grupos de puros parches, sobros y remiendos.
Lo que más urge en el Cartaginés es el fichaje de profesionales que trabajen el aspecto mental del equipo.
Como soñar no cuesta nada, a manera de ejemplo pienso lo que podría ayudar al cuadro de la Vieja Metrópoli, fichar una mancuerna de profesionales con los perfiles de Badú y Germán Retana, dos expertos en reforzar mentes flojas; en levantar ánimos caídos y en motivar y motivar a los jugadores para que desalojen de sus cuerpos los tormentos del pasado y las telarañas del presente, que cohíben, paralizan y mutilan.
A los jugadores del Cartaginés hay que meterles otro casete en la cabeza para que el grupo empiece a trabajar mentalmente de cero. La misión para Vargas es complicada, pero los hombres que se necesitan existen. Es cuestión de encontrarlos.

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