Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 10 Agosto, 2012


Los fanáticos, socios y seguidores del Club Sport Cartaginés estuvieron dispuestos a pagar ¢1.000 más por entrada, con tal de que Randall “Chiqui” Brenes no firmara con otro equipo.
La dirigencia brumosa acuerpó la decisión y voluntad de los aficionados blanquiazules y el “Chiqui” retornó al club de la Vieja Metrópoli.

No sabemos qué sucederá con el resto de aficionados que no son seguidores del Cartaginés, a la hora de que compren su entrada, o si se acordó algún procedimiento para que los asistentes al Fello Meza que no tienen vela en este entierro del “Chiqui”, paguen menos, o simplemente van en la colada.
Este gesto generoso de los fanáticos del Cartaginés, que se fueron todos a una, como en Fuenteovejuna, podría ser imitado en una mayor proporción por los miles de seguidores del campeón Herediano, todos aquellos que se tiraron a las calles a darle un enorme recibimiento la noche que campeonizaron en Guápiles y ver qué y cómo hacen para apropiarse del equipo.
Es una vergüenza para el fútbol profesional costarricense lo que sucede a lo interno del Herediano, un club de enorme trayectoria y prestigio que está siendo administrado como pulpería y de las baratas.
Es inadmisible que la cancelación de salarios de los jugadores dependa del parto o venta de una jirafa, porque son asuntos que no están entrelazados entre sí, salvo que son negocios propios del actual administrador del club.
Un club como el Herediano tiene que manejarse con un presupuesto, y un presupuesto contempla ingresos y gastos fijos, que no deben depender de que el dueño del club pueda cerrar a la desesperada algún negocio privado ocasional.
A Mario Sotela hay que echarlo del club, pero ya sabemos que esto no resuelve el problema. El problema actual del Herediano no es Mario Sotela. Es, quién o quiénes entren en su lugar a hacerse cargo de ese quemante chicharrón.
Si no existe un grupo dirigencial o de empresarios privados que quiera, pueda o desee tomar las riendas del Herediano, entonces que se lo entreguen al pueblo florense; al pueblo soberano, que guiado por ciudadanos ilustres y notables de esa provincia o seguidores del Team en otras geografías, asuma democráticamente la conducción del equipo, eche a los mercaderes del templo y entre todos, como en Fueteovejuna, empezar a sanar las finanzas del club.

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