Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 23 Junio, 2012


Pez grande se come al pequeño.
Un tiburón puede dejar el mar sin olominas y ni siquiera eructa.
En las ligas de fútbol del primer mundo, el club grande le compra la ficha al club pequeño, una vez detectan un talento o a un jugador que terminó con una campaña excepcional.
Pocos dirigentes tienen paciencia para esperar a que el novato que deslumbró o el futbolista que destacó, termine su contrato.
El anzuelo se lanza y muerde el pez.
El deporte en el mundo está repleto de estas historias donde el grande se traga al chico; apenas despunta un talento de los clubes que ocupan las zonas bajas de la clasificación, los de arriba inician los contactos, miden la situación, le enseñan la billetera llena de dólares a la joven promesa o al futbolista de la temporada fuera de serie que, deslumbrado por un futuro mejor, hará lo que tenga que hacer dentro del marco legal, para desprenderse de su propietario y vestirse con el uniforme de su nuevo patrono.
La billetera mata la moral y triunfa lo legal.
En Costa Rica, con la serie interminable de actos de corrupción, sobre todo de nuestra clase política, se puso de moda la frase de que no todo lo legal es moral y por eso se cometen actos inmorales que por ser legales no alcanzan el poder de la justicia.
La novela entre San Carlos, Alvaro Sánchez y Liga Deportiva Alajuelense se puede enmarcar dentro de esta historia que se repite en todos los deportes del mundo y en todas las competencias del planeta.
En Cleveland quemaron las fotos de LeBron James cuando el Rey decidió dejar botados a los modestos Cavaliers para fichar con los poderos y millonarios Heat, hoy campeones de la NBA.
El astro de la NBA es “non grato” en esa ciudad y los ejemplos sobran.
De manera que si el caso Sánchez termina en los tribunales y estos le dan la razón al futbolista, todo lo que él hizo y los movimientos de la Liga para firmarlo, serán legales, aunque los dirigentes de San Carlos los seguirán considerando inmorales o mínimo, poco leales.
Todo lo contrario, si Alvaro Sánchez, después del paso por los tribunales de trabajo, tiene que regresar al equipo de los toros del norte, al jugador nadie lo va a condenar por querer asegurarse un futuro mejor, pero sin duda, los dirigentes del Alajuelense quedarán muy mal parados ante la opinión pública y serán la comidilla del entorno… por tiburones.

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