Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 27 Marzo, 2012


No deja uno de asombrarse de ciertas decisiones políticas.
Un funcionario que casi quiebra la seguridad social del país, fue premiado con la presidencia ejecutiva de otra institución emblemática en el desarrollo y modernización de nuestra patria.
Un grupo de funcionarios que se destacaron en la administración anterior en el sector deportivo, no fueron tomados en cuenta por la actual jerarquía, lo que rompió de tajo una continuidad de obra que se presumía segura, por ser los actores integrantes del mismo partido en el gobierno.
Recuerdo como si fuera ayer, las conversaciones tan adelantadas que tenía don Fernando Naranjo, del Banco Central, con el viceministro de Deportes del gobierno anterior, para que arrancara el fideicomiso que administraría el Estadio Nacional. Existía amistad, pero sobre todo CREDIBILIDAD entre los dos funcionarios, arropados en sus respectivas tropas por profesionales honestos y distinguidos, conocedores del tema.
Lamentablemente, el gobierno que asumió le cortó la cabeza a una de las partes y se puso a improvisar con unos nombramientos en el sector deportivo, que resultaron caóticos por las razones de todo el pueblo conocidas.
Voces respetables de la opinión pública advirtieron de la crisis que se venía en este sector, que desde luego incluía en el libreto el desplome en el mantenimiento del nuevo Estadio Nacional, que requería ser supervisado por los funcionarios que en conjunto con el gobierno de China lo pusieron a caminar, desde la instalación del primer ladrillo, hasta que fueron desterrados pocos días antes de su inauguración.
Conforme nos fuimos enterando de los nombres de las personas que el gobierno seleccionaba para comandar el sector deportivo, dimos en esta Nota la voz de alerta y presagiamos lo que se venía. En las alturas pusieron oídos sordos al clamor de protesta y en la bajura, en nuestro caso, personalizaron la situación.
De manera que si un año después de ser inaugurado, el Estadio Nacional adquiere formas de tugurio y luce abandonado y convertido en basurero, la responsable de esto tiene nombre y apellidos.
Si usted bota a los capaces y nombra a los incapaces, el resultado salta a la vista.
Es que resulta imposible que se produzca un resultado diferente que no sea: fracaso.

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