Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 14 Octubre, 2011


Tano se hizo seguidor de Liga Deportiva Alajuelense en 1950 cuando tenía siete años de edad y como no le gusta volcarse, sigue siendo rojinegro en 2011.
Cuando Tano fue a ver jugar al Alajuelense, de la mano de su papá, el equipo formó con Carlos Alvarado en la portería.

Nelson Morera, Vivo Quesada y Eric Molina en la defensa.
Macatre Esquivel y Cornelio Urbina en la cintura.
Indio Retana, Chumpi Zeledón, Oso Solano, Morux y Farachín Alvarado en la línea delantera.
Ninguno de estos jugadores era extranjero ni fue comprado a otros clubes; eso no se estilaba en aquellos tiempos prehistóricos.
En 2011, el deporte es otra cosa; se globalizó, se industrializó y lo del amor a la camiseta es cosa del pasado.
Hoy se juega por dinero y los atletas de cualquier disciplina en procura de ganar más dinero, se cambian de uniforme como de medias, con excepción de Jorge Vergara porque no usa.
Cuando Tano opina que odia a los Yankees y a otros clubes que ganan títulos, en mucho por el poder económico que ostentan y que les permite comprar a los mejores jugadores, me llegan muchos mensajes en que los lectores no se explican, por ejemplo, por qué le tengo fobia al Barcelona o al Real Madrid y no al Alajuelense, que igual ficha jugadores extranjeros y compra a los mejores de otros clubes.
La razón es muy sencilla y está explicada en la primera línea de esta Nota.
Yo no me voy a volcar y hacerme seguidor de un club modesto, solo porque la Liga se modernizó o se actualizó; no va con mi personalidad cambiar de colores como el camaleón. Siempre lo he dicho: soy católico, liberacionista y alajuelense y moriré con esas creencias y esos colores en mi corazón.
Pero eso no quita, que uno no se desinfle y no se enfríe, cuando en su religión, partido político y club deportivo, se toman decisiones de todo tipo que uno no comparte. Entonces, puede que uno no comulgue con cosas que suceden a lo interno de estas instituciones, pero, en mi caso, no por ello voy a quitarme el uniforme.
Por ejemplo, la pasión que sentí por la Liga en mi época de colegio, mirando jugar a mi ídolo, Juan Ulloa, solo se repitió cuando Badú fue su técnico; cuando fue firmado Froylán Ledezma y abundó la fiesta, se me apagó la ilusión de ser erizo; de manera que es un matrimonio como todos, con altibajos, pero el punto medular creo que ha sido aclarado, mi querido Francisco “Chico” López.

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