Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 27 Junio, 2011


Lo sucedido con Esteban Alvarado es muy lamentable y el hecho de que haya abandonado el país, que es una señal de fuga que se podrá disfrazar con diferentes argumentaciones, no habla bien de su comportamiento.
Salir del país fue un paso en falso del futbolista y abona en buena tierra la acusación de la mujer que se dice ofendida, aunque será en estrados judiciales donde se establezca la verdad de los hechos.
Lo más desagradable y lo más negativo de este suceso tiene que ver con la imagen del futbolista; no lo estamos condenando “a priori” pero la verdad es que si lo dicho por la ofendida es mentira, bien pudo quedarse tranquilo en casa y afrontar cara a cara la demanda. Estoy seguro que Ricardo La Volpe y la organización del seleccionado le hubieran dado todas las facilidades para su defensa.
Duele lo sucedido con este joven, porque después del brillante trabajo de la Selección Nacional en Egipto, fue Esteban Alvarado quizá su figura más emblemática y esa cara de niño bueno metida en cuerpo de gigante atrajo la atención de miles de miles de niños y jóvenes que elevaron al portero de Costa Rica al pedestal de ídolo y lo convirtieron para muchos en el ejemplo a seguir.
Cuesta mucho creer que un joven futbolista con esa cara de inocencia sea capaz de hacer lo que denuncia la ofendida, y ojalá que no sea cierto, pero la escapada de Esteban a Europa no es precisamente un buen augurio para quien estaba señalado como posible capitán del seleccionado en la Copa América.
Dentro de ese marco de violencia que sufre Costa Rica y que tuvo como uno de sus últimos episodios el fallecimiento de un joven universitario, que recibió un disparo en la nuca únicamente porque le pitó a un energúmeno que salió de pronto de un parqueo y casi lo choca, esta acusación contra Esteban Alvarado, no probada todavía y que puede que no llegue a nada, no deja de ser frustrante y dolorosa porque en el nivel de profesionalismo en que se mueve este joven y más que todo por su edad, apenas un niño que va para hombre, el solo escuchar los detalles que señala la mujer que lo acusa estremecen al más pintado y retratan muy mal a una sociedad sin valores, vacía, donde incluso es incomprensible también la conducta de la que acusa, que por lo dicho, retornó a un nido de violencia que de ser cierto, se presumía reiterativo.

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