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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



NOTA DE TANO


NOTA TANO

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 05 mayo, 2011



Disculpas que hoy no escribo de deportes.
Hay un tema de tránsito que me atraganta.
¿Por qué no remarcan la avenida segunda?
Sumo 47 años de conducir vehículos en nuestra capital y considero toda esa arteria, desde el Parque de La Merced, hasta la tapia del Museo Nacional, como una de las más peligrosas para los conductores.
No sé hace cuántos años no pintan las demarcaciones pero ese amplio territorio es tierra de nadie, lo que lo convierte en un infierno para los choferes que se topan, o nos topamos con una cadena de obstáculos que obligan a cerrar los ojos, aferrarnos al volante y a esperar únicamente el bombazo por cualesquiera de los dos costados del vehículo.
La avenida segunda tiene desde que se construyó, marcas “naturales” en sus tres carriles, hasta pegar con cerca al frente del Parque de la Democracia. Además, están las rayas que no se pintan desde hace muchos años, pero que se deben respetar.
En todo el trayecto, el conductor se topa con este dilema: ¿cuál carril respeta; el natural o el mal pintado?
Cuando uno se sumerge con su auto en esa amplia avenida, sabe que va de oeste a este, pero se debe encomendar al Santísimo, para que los taxistas que circulan a todo meter por los dos costados del auto y que seguramente se saben los carriles de memoria, no lo destripen.
Personalmente, apenas entro a la avenida segunda en La Merced, me aferro a un carril y deseo seguir metido en él hasta el Museo, pero las pésimas demarcaciones te sacan del ruedo.
Hay vehículos estacionados con el “trasero” para afuera, desde el Banco Negro hasta el Teatro Nacional; están las viejas demarcaciones blancas que apenas respiran; están las demarcaciones naturales y entre ellas se unen de forma paralela y por si fuera poco, varias tapas de alcantarillas hundidas en pleno centro de la vía, que obligan a “capeárselas” y salirse del trayecto.
Recorrer en auto la avenida segunda es una odisea que provoca estrés y escalofríos; con todo respeto solicito a los señores del Tránsito, o a don Johnny Araya, que gusta de embellecer la capital, para que les den una “pintadita” a las señales en los tres carriles, como lo han hecho en otros sectores de la ciudad.
Una arteria que atraviesa la capital, vieja y señorial, merece respeto, igual que nosotros, los conductores. Personalmente la considero, así como está, la arteria más peligrosa de San José para conducir.

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