Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 3 Febrero, 2011


La llorada que se pegó Cristiano Ronaldo en Pamplona el pasado domingo fue de película; a la “barbie” del fútbol mundial no le agradó el ambiente hostil del caliente estadio del Reino de Navarra y pidió un castigo.
Aparte de los lamentos de este modelo de calzoncillos y también gran futbolista, nos parece que doña FIFA debe tomar medidas y de verdad, dar por perdidos los puntos a los equipos cuyos fanáticos detienen los avances del rival cuando este va perdiendo, lanzando balones al terreno de juego.
Osasuna derrotó 1-0 al Real Madrid y se desató la tormenta, que denuncia situaciones que en el fútbol costarricense han sido muy corrientes por parte de entrenadores “mañosos”.
Lanzar balones al campo, agrandar o acortar las medidas del terreno de juego; dejar crecer el césped o cortarlo más de la cuenta, fingir lesiones, son argumentos que se utilizan para buscar resultados favorables y si se van obteniendo, obstruir el desarrollo normal de un partido.
La reciente victoria del Osasuna en su estadio de Pamplona será recordada no solo por frenar en seco las aspiraciones en Liga del Real Madrid, sino por ser la génesis de una nueva triquiñuela contra el fútbol: lanzar balones desde la grada cuando ataca el equipo visitante.
Hasta cuatro balones aterrizaron en el césped en sendas acciones ofensivas del conjunto madridista, de los minutos 64 al 85 del partido. El Osasuna ganaba por 1-0.
Un sector del público navarro halló cómo aportar su granito de arena a la victoria de su equipo fijándose en el reglamento, pues este prohíbe el juego con dos balones sobre el terreno.
En medio de la confusión el árbitro detuvo la acción, el contraataque rival se esfumó y el público se convirtió, más que nunca, en el jugador número doce.
La triquiñuela nacida en El Sadar (pero vieja en el fútbol costarricense) puede ser novedosa, pero en modo alguno su trasfondo. En el frenesí por sumar los tres puntos, clubes, entrenadores y espectadores desbocaron su pasión por conseguir ese objetivo, mientras la imaginación aportó el resto.
“El ambiente fue fatal. Ha sido como una batalla. Quien manda en el fútbol tiene que ver lo que ha pasado, porque no es bueno para el espectáculo ni para los niños que disfrutan del fútbol. Estas acciones hay que multarlas. Yo lo detesto, es inadmisible”, aseguró Cristiano, quien, a pesar de ser tan repugnante, tiene toda la razón.

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