Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 30 Noviembre, 2010


Hoy cumple mi padre 48 años de haber fallecido.
Leonardo Pandolfo Russo.
Papá nació en 1907 en un portalito que se sitúa a cuatro horas y media de Nápoles, en Calabria; el pueblo se llama Morano, muchos de cuyos habitantes emigraron a nuestro país.
Los hermanos mayores de mamá, Teresina, Leonardo, quien fue el abuelo del actual Ministro de Educación, Fidel, José y Luis se vinieron para Costa Rica casi todos adolescentes.
Papá prefirió seguir para la Argentina, donde, al acorde de los tangos de Carlitos Gardel, vivió una juventud hermosa y bohemia. Buen jugador, tuvo la oportunidad de vestir el uniforme del Platense antes de regresar a Italia.
De vuelta a Morano, se casó con su novia Adelina Rímolo D’Agostino, en la iglesia de la Magdalena y pocos días después viajaron a Costa Rica. Su oficio era sastre.
Nacieron mis hermanas Carmen y Doraida, la amada Dotty que falleció este año, Tano en plena Segunda Guerra Mundial y siete años después Osvaldo.
Papá nos metió el deporte en las venas, Osvaldo es consecuencia lógica de esa herencia y sobre todo el fútbol.
Se hizo seguidor del Orión y nos llevaba al Estadio Nacional todos los domingos. Nuestra casa en el Barrio La Dolorosa era muy amplia, espaciosa y en ella armábamos unas mejengas, Osvaldo y yo contra papá, que más de una ventana y floreros se trajeron al suelo.
En 1960, me gradué de bachiller y le dije a papá que quería estudiar periodismo en la Universidad de Navarra, en Pamplona; él, desde hacía muchos años trabajaba en los negocios y empresas de sus cuñados.
Estábamos en eso cuando le dio un infarto que lo tiró en su salud, para atrás. Tuvo que guardar reposo y se esfumó mi ilusión de viajar a España.
El 30 de noviembre de 1962, falleció mientras escuchábamos en nuestra residencia música de Los Tres Reyes. Le fascinaban los tríos y eso igual lo heredé.
Papá no pudo ver la brillante trayectoria deportiva de su hijo menor, Osvaldo, que lo convirtió en un Inmortal del Deporte; tampoco tuvo tiempo de leer una sola crónica deportiva de este servidor.
Sin embargo, en familia, todos tenemos claro que la vena deportiva la heredamos de su inmensa pasión por el deporte, noble herencia, que unida a su jovialidad, buen carácter, desapego a las cosas materiales y el amor y fidelidad que le guardó a mamá, suman suficientes credenciales para recordarlo con muchísimo amor en este “viejo” aniversario.

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