Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 16 Noviembre, 2010


Nos parece que Oscar Ramírez abusó en Pérez Zeledón de una de sus maniobras tácticas preferidas, y que a pesar de la disconformidad y protesta de los seguidores de la Liga, le ha dado buenos resultados. La posición del equipo en el campeonato lo prueba.
Eso de meter a Elías Palma en la cintura para sostener resultados ventajosos mínimos, variante que ha sido una constante en los partidos del Alajuelense, en esta ocasión, no solo dio pésimos resultados (se perdió la ventaja 2-0), sino que la sentimos excesivamente apresurada.
El Macho se asustó muy rápido.
Sabemos que eso de asustarse no le agrada que se lo digan a ningún entrenador en el mundo, pero es una forma de calificar una decisión que a todas luces refleja ese calificativo.
Alajuelense, que ganaba 2-0, perfectamente pudo iniciar el segundo tiempo con su binomio de ataque titular; Alpízar y Leandrinho, para especular como se desarrollarían las acciones en el lodazal. Si el partido se le ponía feo a la visita, pues podían iniciarse las variantes en retaguardia que sostendrían el resultado.
Pero ordenar la salida de Alejandro y el ingreso de Palma en el propio vestuario durante el descanso, fue una decisión táctica apresurada, que resultó de negativas consecuencias para la Liga y que pudieron ser peores si el partido se alarga un rato más.
Sacar a Alpízar y meter a Palma produjo al instante dos consecuencias en contra del Alajuelense: Leandrinho quedó aislado en ataque y fue presa fácil de la defensa local y lo peor, al no tener a quien vigilar, los defensas generaleños, especialmente Gatgens, Salomón y Rodríguez (Arce se quedó con Leandrinho), se fueron en tromba sobre el marco rojinegro, provocando un tsunami que dio paso a otro par de situaciones contrarias a la Liga. El portero local, César Mena no tocó bola y dado el dominio abrumador de los guerreros, el entrenador Ramírez se vio obligado a meter a otro defensa, Johnny Acosta, a batallar en una zona que era propiedad absoluta de los anfitriones.
De poco sirvió tanto refuerzo defensivo: Pérez Zeledón le empató el partido y casi se lo gana. En el cierre, el cuerpo técnico de la Liga reaccionó con el ingreso de Marco Ureña y equilibró las acciones. Igual hubiese sucedido si deja a Alpízar. Probablemente el segundo tiempo hubiese resultado equilibrado, en lugar de regalarle la iniciativa al contrario.

gpandolfo@larepublica.net