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Sábado, 23 de marzo de 2019



NOTA DE TANO


NOTA TANO

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 24 junio, 2010



“La estatua de dos toneladas y medio de Nelson Mandela, ante el centro comercial de Sandton, en Johannesburgo, el Museo del Apartheid y el antiguo gueto negro de Soweto se convirtieron con el Mundial en socorrido plató para la foto de recuerdo de la afición”.
¿Qué ha hecho Mandela para merecer esto?, se pregunta la colega Gemma Casadevall, en un refrescante artículo para EFE.
“¡Honduras, Honduras!”, canta y salta un coro de hondureños, ante la cámara de una televisión argentina, a los pies del monumento al héroe, en la Nelson Mandela Square.
“Veintisiete años en la cárcel para que te acabes viendo así”, dice, irónico, Bernard, ex ingeniero de 70 años, ahora taxista extraoficial, mirando la estatua plantada en 2004, semioculta tras una carpa mundialista de Sony y junto al Shopping Center del barrio que concentra hoteles de lujo y centro neurálgico de la FIFA.
“Un día os llevamos de ‘shopping’, al otro el Museo, al tercero al gueto. Todo lo que lleve el apellido Mandela es un imán turístico. Pobre, si se viera… Pero es buen hombre, seguro que hasta se alegra por nosotros”, prosigue el taxista ocasional.
Las villas de lujo de los negros acomodados de Soweto, el gueto a unos 20 kilómetros de Johannesburgo creado en 1904, cuando las autoridades retiraron a la población negra de la capital, es punto de partida del recorrido por lo que ahora es un distrito con casi 4 millones de habitantes, tan negros como los de entonces.
“Es un ‘apartheid’ a la inversa. Yo, aunque quisiera, no podría vivir aquí. Primero, porque soy blanco; segundo porque no tengo el dinero suficiente para pagarme una casa así, con piscina”, se lamenta otro taxista ocasional, Marc.
Las casas con piscina de los negros ricos es la cara elitista de la moneda de Soweto. La otra son las barracas de techo de uralita, sin agua corriente ni electricidad, paralelo a una Villa Miseria bonaerense o las favelas de Sao Paulo.
También las zonas acomodadas, más la villa de lujo de Winnie Mandela o la casa-museo del ex presidente son visita obligada de los grandes circuitos.
“Pobre ‘Madiba’, este no es su Mundial”, dice Muriel, habitante de la villa-miseria sudafricana.
“Nunca lo fue, porque como todo Mundial este pertenece a la FIFA, pero seguro que se alegró por todos”, repite Bernard.

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