Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 11 Mayo, 2010


Don Miguel Agüero, el queridísimo, respetado y admirado “Machaco”, compañero de trabajo y de tertulia por muchísimos años y quien antes de editar la página humorística más leída del periodismo costarricense, fue muchos años periodista deportivo de hueso colorado, aunque siempre de corazón morado, nos argumenta en su espacio un tema que no comparto.
Escribe en “La Machaca” que el “nuevo Estadio Nacional que construye China en la Sabana, es un elefante blanco que costará entre US$80 millones y US$90 millones, y ni siquiera hay idea de cuánto costará mantenerlo decente”.
Agrega que “los equipos principales como Alajuela, Saprissa, Heredia y Cartago tienen sus propios estadios y, suponemos que no van a pagar un alquiler por jugar allí”.
Dice don Miguel que “recorriendo el Hospital Calderón Guardia vimos con mucha angustia, cómo hay enfermos graves en los pasillos de emergencias y no hay camas para los muchos pacientes que las requieren”.
Y sigue, el punzante bichito: “y pensamos (rajona La Machaca), que hubiera sido más beneficioso para el país, que Pekín en vez de un estadio, nos hubiera construido un hospital. Pero pudo más el fachadismo de nuestros gobernantes”.
En lo personal, no me parece relacionar una situación con la otra; el faltante de camas es historia universal en Costa Rica y una de las más graves deficiencias de la seguridad social, repleta de atributos en otros renglones.
La falta de camas es un problema propio de la Caja, que debe ser solucionado a lo interno y existen, dentro de su frondosa burocracia, cientos de rutas para ponerle fin a ese cáncer que señala don Miguel.
Si el deporte es salud, no es cerrando un estadio, clausurando un espacio deportivo o dejando de construir un coliseo deportivo, que se va a resolver el otro problema.
Aparte, el nuevo Estadio Nacional no solo es para el fútbol, sino que será pulmón de otras disciplinas deportivas y además reúne otros fines emergentes para nuestro país, como el albergue que se instalará para ayudar a paliar desastres naturales.
Miles de niños que practicarán deporte en el nuevo Estadio Nacional crecerán sanos y, Dios quiera, nunca tendrán que ocupar camas en los hospitales. De eso se trata. Ahora, para comprar camas y saldar el faltante, se pueden idear miles de eventos sin sacrificar, paradójicamente, al deporte, que, le repito, don Miguel, es sinónimo de salud.

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