Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 15 Febrero, 2010



Dentro del periodismo liviano que nos caracteriza y que lamentablemente invadió también el sector deportivo, sumamos ya varios días, donde el tema central en la mayoría de los espacios deportivos es el color y la figura del “Monstruo”, la mascota del Saprissa.
¡Que si la primera, que si la segunda o que si la tercera!
¡Que si bonachona; que si morada; que si amarilla!
¡Que si con el 12; que si con dientes, que si musculosa!
¡Que si con panza, que sin panza, con rabo largo o corto!
Se montaron encuestas por Internet.
Periodismo corrongo, periodismo liviano; periodismo light, lo llamó con acierto uno de los mejores periodistas costarricenses: Carlos Morales.
¡Qué falta hace tu pluma en los medios, Carlitos!
Lo que no entiendo, como viejo en la profesión, es por qué esta alharaca de los seguidores del Saprissa, porque le cambiaron la figura y los colores de su mascota y no reaccionaron con idéntica hidalguía, cuando le cambiaron los colores al uniforme del equipo.
¿Es más importante la mascota que el uniforme del club?
Sin ser seguidores del Saprissa, pero habiéndonos nutrido de la sabiduría, entrega y responsabilidad de sus primeros directivos, que liderados por don Ricardo se reunían en unas oficinas en los altos de los mercaditos de Plaza González Víquez, añoramos a un Saprissa vestido y uniformado de morado y no de azul con ribetes amarillos.
Si yo hubiese sido Jorge Vergara y me hago dueño del equipo, mi primer acuerdo hubiera sido contratar a la empresa que le confecciona los uniformes a la selección nacional de Venezuela y copiar ese exquisito morado para todas las divisiones del club.
El Saprissa es morado; no es azul, pero ya que sus propietarios desearon cambiarlo, si fuera saprissista, me hubiera “cabreado” y protestado por el cambio de los colores del uniforme y no por el cambio de los colores y forma de la mascota del equipo.
Es un asunto de prioridades.
De manera que sentimos este nuevo escandalillo, más propiciado por parte de la prensa deportiva, con el apoyo de la Ultra, que por el grueso del saprissismo. El viejo saprissismo traga grueso y en silencio por las transformaciones en el club; quienes rechazan al nuevo Monstruo, lo hacen por emoción violenta y pasajera, atizados por un sector de la prensa en procura de farándula. Entonces, el Monstruo sustituye a María José.

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