Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 7 Septiembre, 2009



Caminamos muchas cuadras en el mar de la tristeza.
Fue tanto el dolor que cargaron los aficionados costarricenses, que no dieron espacio al reclamo, a la protesta, al silbido, al reproche, a la animadversión.
No escuché en las frías y desoladas gradas del coloso de Tibás, un silbido en contra de Rodrigo Kenton.
No salía nada del corazón de los ticos.
Al segundo de la bailada de Giovanni Dos Santos, que pasó el balón a José Guardado para que este, guardara el 3-0 en la jaula de Keylor Navas, se inició la fuga de espectadores, desolados ante la magnitud negativa del evento.
El rival más odiado; el archienemigo de la zona; el que despierta pasiones contrarias, tan arteras como las patadas que recibió esa noche Cuauhtémoc Blanco de los infantiles hombres de marca de la Selección Nacional, que “dieron” cuando no debían dar y no “dieron” cuando debieron dar, para cortar las fugas de Gio y Guardado en los fulminantes contraataques que nos hundieron, nos pasó por encima y nos sumergió en la impotencia y el dolor.
Caminamos desde el estadio hasta el parque de Tibás, junto a los tristes y silenciosos fanáticos que llegaron a cancelar hasta ¢50 mil por un boleto, para ir a “ver jugar a Costa Rica” y únicamente vieron jugar a México.
Parecía un entierro de pobre, con el perdón de los pobres; la camiseta roja marchita; las banderas a media hasta, el vendedor de ceviche que en la joroba de su “picap”, lo vende a mil pesos y devuelve el dinero si no lo vomita.
Camino con Susana y con Dinia y mi mente me lleva a Rodrigo Kenton para analizarlo, tratar de entenderlo y concluir que se enredó en sus propios mecates y le perdió el hilo al torneo.
Ha querido quedar bien con todo el mundo, decisión fatal en un técnico.
Que quiten a Wallace, y lo quitó.
Que quiten a Freddy, y lo quitó.
Que quiten a Herron, y lo quitó.
Que ponga a Oviedo, y lo puso
Que ponga a Hernández, y lo puso.
Que con Paté y que sin Paté.
El cuerpo técnico de la Selección Nacional luce al garete, perdió la ruta, está perdido; el 4-0 en Honduras hizo que los estrategas le cambiaran la ruta al barco y lo han llenado de parches que la primera ola fuerte tambalea y derriba.
Si Costa Rica jugaba a algo; hoy no juega a nada.
Mente, poderosa mente, que logra que un técnico que hace pocas semanas pateaba a un futbolista panameño, desesperado por el pobre fútbol de su equipo, hoy luzca sólido y seguro, mientras que el nuestro, con su verbo cantinflesco que no hiere y debería herir, enfundado en su chaquetón rojo, luce perdido.
Costa Rica ocupa el cuarto lugar; una posición totalmente lógica para un equipo que es inferior, desde hace rato, a Estados Unidos, México y Honduras.
¿O es que acaso, ustedes no asisten al Torneo de Invierno y miran la televisión?

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