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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 23 junio, 2016


¿Qué tienen que hacer los dirigentes del fútbol mexicano después de la masacre?
¡Nada!
Si son inteligentes y deciden con la cabeza fría, deben dejar todo absolutamente igual.
Antes de la paliza recibida de Chile, sumaban 22 juegos invictos y estaban felices con Juan Carlos Osorio como director técnico. Para sus periodistas fanáticos, eran los mejores del mundo.
Un accidente del fútbol no tiene por qué llevarlos a determinaciones drásticas.
Chile y México se miden 49 veces más y probablemente ese 7-0 no se repite jamás; el último enfrentamiento fue un partido atípico algo similar al de Estados Unidos y Costa Rica, este con un resultado no tan escandaloso y que se repite mucho en el fútbol internacional.
Chile fue una aplanadora que despedazó futbolística y emocionalmente a los mexicanos; prueba fehaciente de ese desplome fue el 6-0, anotado también por Eduardo Vargas.
El balón fue cerrado por tres mexicanos, el portero Ochoa y dos defensores. Puch había pegado un remate corto en el poste. Con la situación “dominada”, la defensa verde permitió que Vargas, se viniera desde 40 metros y anotara a puerta abierta. Ese gol, en otra circunstancia, nunca debió entrar.
De manera que todos los lamentos, llantos, sugerencias y hasta exigencias que grita la prensa deportiva mexicana, que pide la cabeza de Osorio, la renovación del seleccionado, la “jupa” de los dirigentes y demás yerbas, deben ser descartadas por quienes mandan en el fútbol local.
José Ramón Fernández, uno de los analistas más respetados de la prensa azteca, pidió que renunciaran todos y que la organización del Pachuca, que parece ser modelo en el fútbol profesional de ese país, se hiciera cargo de todo el proceso del Tri, incluyendo fuerzas básicas y selecciones menores.
Peticiones como estas, tomadas al calor de la catástrofe, deben ser rechazadas.
México fue humillado, pero la vida del fútbol sigue; solo un seleccionado sobrevivirá al final de la Copa Centenaria; cayeron grandes como Brasil y Uruguay; Argentina liquidó al anfitrión, de manera que la dirigencia mexicana debe archivar la tragedia, retomar impulso y con Osorio y el mismo grupo de jugadores, afrontar la cuadrangular, la eliminatoria y en Rusia 18, buscar lavarse no solo las manos y el rostro. No, todo su cuerpo, flagelado por el talento chileno.