Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 11 Mayo, 2016

¡Las finales se juegan así!
¿Cómo?
¿Quién dijo eso?
En México, en Inglaterra, en Brasil las finales se juegan abiertas y terminan 4-3; Badú, Marvin Solano, Farinha, Odir Jacques hicieron campeones a la Liga y a Herediano con equipos que volaban.
¿Cómo es eso de que las finales son así?
¿Con una falta al rival cada dos minutos?
Ahora, si las finales son así, si los técnicos no las pueden cambiar, si están condenados a jugarlas de esa forma, si Javier Delgado y Hernán Medford sabían de antemano que se iban a jugar así: ¿ninguno de los dos estrategas cuenta con un plan B para escaparse del concierto de patadas?
Incluso, si conociendo de antemano que su equipo va a cobrar mínimo 20 tiros libres contra el marco rival… ¿no se puede planificar algo en la pizarra para no limitarlos al “centrito” a la “jupa” del defensa contrario?
La Nota de Tano previa al primer juego de la final la terminamos así: “calda entonces el que se descuida”. Nosotros también presumíamos que la final se iba a jugar así y entonces, el menor descuido sería aprovechado por el equipo rival.


Alajuelense se descuidó en el minuto 91 y lo cocinaron. De pronto en un partido que se había jugado al milímetro, un centro alto de Leonardo González, lo aprovecha arriba Yendrick Ruiz que impulsa el balón al otro costado. Aquello era una autopista de tres carriles. ¡No había nadie de la Liga!. Ni Loaiza, ni Claros, ni Cummings, ni Madrigal y entonces el “Fenomenito” hizo fiesta.
Sí, el “Fenomenito” José Sánchez, un futbolista diferente, distinto, encarador e inteligente desde su dorada época en la Universidad. Ya vimos lo que hizo “Chepillo” con sangre de congelador.
Ahora; los invito a repasar el video del juego para que observen como Esteban Ramírez, incrustado por Medford entre Pablo Salazar y Leo González, cortó absolutamente todos los centros que desde la izquierda enviaron Porfirio, Loaiza, Madrigal y Gabas al sector derecho en busca de las piernas de Ortiz y McDonald.
Ramírez, Salazar, Granados, Cubero no se desconcentraron, no se descuidaron, no abandonaron la trinchera. En cambio, el anfitrión dio por terminado el partido con el 0-0 en el minuto 90 y se le olvidó que había que seguir jugando igual en la reposición.
Un descuido y ¡zas!
Sin duda que les va a costar un testículo quitarse ese gol de encima.