Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 1 Enero, 2016

Javier Delgado llega a la dirección técnica de Liga Deportiva Alajuelense con el beneplácito de la enorme familia rojinegra.
Si la directiva de la Liga hubiera firmado a Hernán Medford o a Ronald González, se produce una revolución en las nefastas redes sociales, calificadas por Humberto Ecco como “la puerta abierta para que millones de imbéciles tuvieran oportunidad de expresarse”. Desde luego —agregamos nosotros—, con las minorías como excepción.
Javier Delgado estaba libre cuando la dirigencia manuda viajó a Suramérica en busca de un técnico, supuestamente de mejor nivel. Firmaron a Hernán Torres y ya supimos todos lo que sucedió.
¿Era un retroceso fichar a “El Sheriff” después de que Óscar Ramírez pasó a la Selección Nacional? No sé qué pensaría la dirigencia eriza en aquel momento, pero lo cierto fue que prefirieron a Torres y ahora sí fueron por Javier.
¡En buena hora!
Por la forma tan cuestionada como se juega el campeonato costarricense, donde un equipo puede ser amo y señor a lo largo del torneo y pierde la corona en 90 minutos de pésimo fútbol, nos parece que Delgado no topará con mayores problemas para clasificar al Alajuelense a la segunda fase del Verano, dilemas que tampoco hallarán Saprissa ni Herediano.
En el fútbol nacional se juega un solo campeonato, pero dentro de él, hay dos más. Saprissa, Herediano y la Liga por el título; luego una serie de equipos que tienen como propósito desbancar al Cartaginés del cuarto lugar, que fue lo que hizo Limón en el Invierno y tendremos el tercer torneo bien caliente en que Carmelita, Belén, Liberia y Pérez Zeledón van a pelear a muerte por evitar el descenso.
En ese entorno, Javier Delgado no tendrá mayores problemas para meter al León entre los cuatro primeros de la tabla, máxime que le será reforzada la nómina a su gusto y placer. La bronca será después, cuando tenga que mantener la calidad del equipo en la semifinal y si sobrevive en la final, máxime que solo el campeón del Verano, acompañará al Saprissa en la próxima Liga de Campeones, un evento que obsesiona a los entrenadores costarricenses normalmente liquidados en México.
El Sheriff regresó a casa; ya se pegó la estrella manuda en su pecho; todavía no hay balazos en el viejo oeste; la familia rojinegra disfruta de un remanso de paz.