Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 1 Julio, 2015

¿Qué sucede con el fútbol brasileño?
¿Cómo fue que desapareció su magia?
¿Qué se hicieron sus genios y malabaristas?
¿En qué momento se descuidó la cantera?
¿Qué hizo posible que delanteros mediocres como Hulk y Fred fueran estelares?
¿Cómo se engendra la dependencia al fútbol de Neymar?
¿Falló Dunga en la elección del seleccionado?
¿Cuánto tiempo transcurrirá para borrar la vergüenza del 7-1 de los “panzers” en el Mundial?
¿No era que debajo de cada piedra de Copacabana y en la miseria de las favelas, se escondían los pequeños talentos y futuras glorias del fútbol brasileño?
¡Brasil, la selección nacional de fútbol más querida, admirada y aplaudida del mundo!
La que tenía porteros muy malos pero delanteros excepcionales; aquel Brasil de México 70 que aplastó a Italia en la final 4-1 gracias a las genialidades del rey Pelé, la inteligencia de Tostao y la zurda mágica de Rivelino.
El Brasil de Garrincha, el demonio de las piernas al revés que quebró las cinturas de los mejores defensas izquierdos del mundo, con excepción de Álvaro McDonald.


El universo del fútbol estaba repleto de estrellas brasileñas: Romario, Ronaldo, Robinho, Bebeto, Zico, Amarildo, Ronaldinho.
¿En cuáles escondites de las playas brasileñas se esfumaron los sucesores?. Didí y Zagallo, el ala izquierda de ataque del Botafogo; Vavá, el centro delantero gigante del Vasco Da Gama; Roberto Carlos, una saeta en el carril izquierdo del Real Madrid.
Repasamos las nóminas de la Copa América y nos topamos con una Argentina repleta de estrellas que giran alrededor del astro Messi. El Tata Martino puede formar tres equipos diferentes con jugadores que no juegan en su Patria; Chile presenta 15 jugadores de primerísimo nivel; Perú una delantera de ensueño…
Pero... ¿Brasil?
Un seleccionado mediocre, común y silvestre, con defensas que ya lo ganaron todo y no tienen hambre de gloria; repleto de ausencias notables y de jugadores mediocres y lo peor, con un técnico que como Dunga, fue siempre un destructor de juego, un mediocampista de marca que buscó tobillos en lugar de construir ofensivas, filosofía de juego y de vida que se transmite en este Brasil actual, frío, oscuro, apagado, falto de luz, sin magia y sin brillo, tempranamente eliminado de competencia.

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