Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 15 Mayo, 2015

Jeaustin Campos le entró con todo a la Liga y se debe aplaudir esa propuesta. Paró en la cancha a tres defensores centrales: Machado, Córdoba e Imperiale, un medio de marca: Guzmán y otros seis jugadores de vocación ofensiva.

Cambió a sus laterales tradicionales, Smith y Diana por carrileros de ribetes ofensivos, Araúz y Angulo y luego cargó en ataque con Escoe, Deyver, Moya y Colindres.
Pero se presentó un detalle táctico curioso; al escuchar la formación pensamos que Marvin Angulo jugaría por la izquierda, pero no fue así. El estratega morado lo ubicó entre Hanzell Araúz y Deyver Vega, un tridente explosivo que se recostó por el flanco derecho con una doble intención. Tratar de triturar la marca de Ronald Matarrita, que en esta ocasión no contaría con el auxilio del lesionado Ariel Rodríguez y segundo, que la retaguardia manuda se volcará hacia este sector para que del otro lado maniobraran Colindres y Moya.
Habrán observado que Daniel jugó pegado a la línea, con el afán de tragarse la marca de Kenner Gutiérrez. Jeaustin pretendía que con Kenner abierto y con Acosta y López volcados hacia el sector defensivo en apoyo de Matarrita, quedara un cráter entre Kenner y los otros dos centrales que debía aprovechar el goleador Moya.
Por ahí andaba la cosa. Repasemos el partidazo de Andrés Imperiale, la mejor figura morada, que duplicó esfuerzos y funciones como central, lateral izquierdo y con proyección ofensiva. Imperiale fue Diana y Néstor Monge a la vez, tres en uno en auténtica faena.
Lo que sucedió es que Machillo Ramírez no cayó en la trampa, porque Kenner Gutiérrez nunca se abrió lo suficiente para darle metros a Moya. El que supervisó los movimientos de Colindres fue Diego Calvo. Kenner no abandonó a su capitán Johnny Acosta, la mejor pieza manuda y así Porfirio López pudo correrse al flanco izquierdo en apoyo de Matarrita, también acuerpado por un flojo Pablo Gabas.
Saprissa buscó los dos goles que le daban el pasaporte a la final desde el vestuario. El planteamiento valiente y agresivo de Jeaustin lo comprobó. Metieron uno y lo hicieron temprano en la segunda parte. Tuvieron más de media hora para lograr el segundo, que no entró porque como bien lo manifestó Óscar Ramírez después del partido, sus jugadores son de colmillo, tienen experiencia en estas instancias cerradas y dramáticas y sabían lo que tenían que hacer para que la retaguardia no se rompiera si recibían un gol en contra.
Hay que dar mérito a los dos entrenadores.

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