Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 7 Abril, 2014

Hacía ratillo que no leía una autoentrevista.
La semana pasada leí una.
Una autoentrevista se estructura cuando la persona interesada que no está conectada a un medio de comunicación, pero le urge que se informe sobre ella con propósitos lógicamente laborales, le pide a un amigo común que por su brillante carrera deportiva como dirigente, atleta o entrenador tiene amigos periodistas y acceso libre a la publicación, interceda por ella.
Más o menos el tema se maneja así.
El interesado o la interesada le pide ayuda a su amigo para que hable con los periodistas y les solicite un espacio para promoverse.
La estrella deportiva llama a los periodistas, les pide el favor para que entrevisten a quien busca promoverse y el respeto, aprecio y admiración que los colegas guardan por el que llama, abre de inmediato las puertas de la publicación.
De pronto y sorpresivamente salta una amplia entrevista con fotografías, biografías, planes de trabajo, metas, eventuales destituciones y todo lo que piensa ejecutar el nuevo funcionario de gobierno que se autonombra en su cargo.
Desde luego que como complemento de la entrevista, se publican declaraciones del honorable deportista que llamó a los periodistas solicitando el espacio, donde da apoyo total e irrestricto al “promoviente”.
Para distraer la atención, junto a la voz de apoyo del gestor de la publicación, se publican dos o tres más sobre idéntico tema.
Y estalla la magia de la publicación.
El desconocido se convierte en conocido y toma ventaja sobre otros eventuales candidatos que quizá, no cuentan con “la pata” mencionada.
La autoentrevista es tan común en medios periodísticos, como cuando desde arriba la jerarquía ordena a los mandos medios meter a alguien en “el congelador”.
Si se da una orden de congelar a un político, que son los mejores candidatos a ser enfriados, ya sean diputados, ministros o el propio presidente del país, pueden transcurrir meses sin que el nombre de ese personaje aparezca en las páginas de los medios de comunicación, salvo las notas informativas inherentes a su función.
Pero publicarle opiniones personales, proyectos, proyecciones y mucho menos actos promocionales, jamás. El político verá la luz cuando desde arriba se ordene quitar la tapa al congelador.
Retornando a la autoentrevista, es una de las publicaciones más degenerativas del periodismo profesional.

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