Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 4 Abril, 2014

¿Recuerdan el escándalo que se armó por los hechos violentos que se dieron en el Estadio Nacional y que obligó al árbitro a suspender el juego entre Cartaginés y Alajuelense?
Se encendieron los medios de comunicación, se multiplicaron las opiniones, el escándalo rebasó los tres días de rigor que sentenció en su momento don Ricardo Jiménez porque se prolongó un poquito más, pero pronto el país retornó a la “normalidad”.
Como suele suceder en este hermoso patio donde nunca pasa nada, nadie sabe qué fue lo que siguió después, de manera que todo se reactivará hasta que se presente la próxima bronca.
Recuerdo que uno de los puntos de la agenda sobre los temas de violencia, apunta a que los medios de comunicación no deberían de dar tanta “bola o pelota” a los revoltosos. Incluso deberían ignorarlos.
Se argumenta que darles portadas, imágenes, amplias fotografías y miles de palabras a los líderes de las barras bravas, los convierte en sus respectivos entornos casi que en héroes nacionales. Ellos se regocijan y se vanaglorian entre sus “compas” tras comprobar el interés mediático que provocan.
Todo este cuento lo escribo preocupado por lo que sucede en las redes sociales en un tema que considero tiene mucha similitud.
A raíz de la derrota del Alajuelense con el Toluca, un periódico deportivo reprodujo las reacciones en redes sociales de fanáticos de equipos que no siguen a la Liga, felices por la caída del cuadro costarricense.
Que seguidores de otros clubes que no son manudos estén contentos por la derrota de los erizos, es difícil de comprender, pero es moneda corriente en todas las ligas del mundo. También los fanáticos del Alajuelense se alegran cuando en duelos internacionales pierden Herediano o Saprissa.
De manera que el punto no va por ahí.
Lo que me pregunto es... ¿qué necesidad hay para que en una página deportiva se reproduzcan comentarios vulgares, ofensivos, degradantes, burlescos, hepáticos, probablemente anónimos aunque sean firmados, donde ciudadanos de escasa o ninguna educación, vomitan sus heces orales en contra de clubes y jugadores de su mismo país?
¿Para qué sacar del anonimato de las redes sociales y reproducir en medios masivos de comunicación estas porquerías? ¿Qué o quién gana con esto?
¿El periódico que las reproduce o los gamberros que las escriben?

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