Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 20 Marzo, 2014

Después de ver completos los dos partidos de la Selección Sub-17 en el Mundial, con Venezuela e Italia, me quedó una sensación extraña que incluso se la comenté posteriormente al técnico Juan Diego Quesada.
Me quedó la sensación o la impresión de que Costa Rica no metía un gol ni jugando siete partidos seguidos; como aficionado viví en las gradas una impotencia porque en ningún momento de las confrontaciones SENTÍ que la Selección Nacional podía meter un gol.
Y no se trataba de que jugaran mal o de que remataran mucho, poco o nada a puerta contraria. Era que los partidos se desarrollaban y por ninguna parte del terreno de juego se podía proyectar que las discípulas de Juan Diego harían un gol.
Las futbolistas adolescentes se ganaron el corazón de los costarricenses que las aplaudieron a rabiar, que las alentaron desde las gradas con asistencias masivas y un grito ensordecedor de ¡sí se puede; sí se puede! que tronó en cada rincón del coliseo capitalino. Costa Rica fue la campeona del mundo de la entrega, pero el tema no va por ahí.
Lo que me resultó curioso, intrigante e indescifrable fue analizar a un equipo de muy buenas jugadoras, incapaces a pesar de sus habilidades técnicas, de transmitirles a los aficionados, o por lo menos a este columnista, la mínima sensación de peligro.
Me parece que Costa Rica presentó en los dos partidos a futbolistas que enseñaron condiciones cada una en su puesto. Apartemos a la espectacular Gloriana Villalobos.
Creo que la portero Yulian Salas; las defensoras centrales, Fabiola Villalobos y María Laura Araya; las recuperadoras, Emilie Valenciano e Indira González y las delanteras, Sofía Varela y Kenyi Villalobos, encajan y no desentonarían en ninguna de las otras selecciones mundialistas.
De ahí lo curioso de tener que analizar a un equipo ciento por ciento entregado a la causa, con muy buenas individualidades, con una superestrella como Gloriana, pero que deja la sensación convertida en impotencia de que no va a poder meter un gol nunca. Al menos esa fue mi percepción.
Entonces, habrá que buscar la causa de este fenómeno y remitirla a más horas de trabajo, mejor reclutamiento de figuras, más fogueos, un trabajo técnico mucho más intenso, reforzamiento mental de las actoras, o lo que se haga necesario para que todo lo bueno que mostró la Sub-17 se concrete no en el corazón del país, sino en los cordeles del adversario.

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