Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 2 Diciembre, 2013

Se dio la lógica; Saprissa en su estadio ganó el clásico y el gran favorito al título, el Herediano, triunfó en el Fello Meza.
Y escribimos esto con autoridad, porque en las Notas previas al duelo en el Ricardo Saprissa, insistimos y reiteramos que el clásico estaba abierto, que los discípulos de Rónald González tenían equipo para ganarlo y que quienes los enterraron antes de que se jugara la confrontación, estaban errados.
Del duelo entre brumosos y florenses, esperábamos más de las huestes de Javier Delgado; debieron ser más agresivos en la primera parte, conocedores de que el Team tiene mano de obra que construye acciones de ataque y destruye la retaguardia más firme en instantes.
De nuevo una acción de bola muerta, una de tantas, produjo el desplome de los anfitriones, mentalmente muy débiles, a pesar de que ficharon a un motivador para que esto, precisamente, no les sucediera.
El tiro de esquina y el posterior remate que Esteban Sirias saca con su mano y provoca penal y su expulsión, resultó trágico para los intereses azules, que de nuevo tuvieron que enfrentar muchos minutos a la aplanadora roja y amarilla con un hombre menos. Igual les sucedió en el Rosabal Cordero en la final de la temporada anterior.
Lo que les sucede a los “blues” es dramático.
Esa serie está liquidada.
El clásico se empezó jugando al mejor estilo de Óscar Ramírez, apuntado a sostener un cero a cero que le resultaba espectacular. De empatar en Tibás, cocinarían al Monstruo en Alajuela.
Pero, es peligroso jugar al error del rival, máxime que los pupilos de Rónald González le entraron al juego con actitud desafiante, garra, picardía y otros atributos no específicamente futbolísticos, que lo presentaron como un rival muy distante del osito de peluche del último 3-0.
Con la intención de que el 0-0 se fuera haciendo gigante conforme avanzaba el segundo tiempo, el Machillo seguía tranquilo el desarrollo del clásico, hasta que Allen Guevara le pateó el trasero a Michael Umaña y lo expulsaron.
El Carasucia abrió la cancha con Deiver Vega y Diego Madrigal; Armando Alonso abandonó su parcela para jugar de volante en lugar del “Cusuco” y la retaguardia eriza se rompió.
Entonces, Saprissa entró cómodo, tuvo para liquidar, incluso para vencer 3-0, pero Martínez y Estrada perdieron  ocasiones doradas, que, así lo sentimos, van a pesar como catedrales al hombro en el juego de vuelta.

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