Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 24 Octubre, 2013

Fue la consagración de Óscar Ramírez.
Su coronación como estratega en el Estadio Azteca confirma que Liga Deportiva Alajuelense está en manos de un director técnico “distinto”.
Tiene fama de detallista, meticuloso, de ser un obsesivo del juego perfecto.
Cuentan que estudia a los rivales de turno desde sus entrañas, los analiza, los mide, como hacen los grandes pugilistas en los primeros rounds.
En la intimidad de su hogar, casi siempre en solitario u ocasionalmente con otros hombres de fútbol de su absoluta confianza, repasa videos de su próxima víctima, apunta y apunta.
Podría ser, por qué no, que conversaciones domésticas con técnicos de fútbol que siguen sus lineamientos, refuercen la estrategia.
¿Habrá conversado el Machillo con Jorge Luis Pinto, para que le diera un empujoncito de cómo parar a la Liga en el Azteca?
¡Quién quita un quite!
¿Cuántos partidos del América pudo analizar en estos días de Selección Nacional, Mauricio Montero, uno de los brazos derechos de Ramírez, para luego montar la estrategia?
¿Cuántos consejos le pudo pedir Óscar a Pablo Antonio Gabas, su viejo capitán, afincado en el fútbol mexicano, futbolista inteligente y abierto?
Estamos especulando, puede que nada de esto haya sucedido. Quisiéramos jugar de detectives para encontrar la fórmula táctica. Qué más quisiéramos como periodistas deportivos que tener en nuestras manos el pedazo de pizarra donde el entrenador de la Liga dibujó los fantásticos trazos de su estrategia. Tener la hoja donde escribió la planificación de ese juego perfecto.
Solo, asesorado o acompañado.
¡Qué importa!
El Aztecazo de clubes tiene nombre y apellido.
Óscar Ramírez.
Al entrenador del Alajuelense muchas veces no le salen las cosas; su equipo juega feo, pierde partidos, no mete goles, sus discípulos se confunden, algo lógico cuando se exige perfección y excelencia.
Sin embargo, ha llenado las vitrinas del club de títulos; se ha cansado y se ha ido; cuando los fanáticos rojinegros cantan desaforados los goles, él, ni mueve la boca. Cuesta sacarle una sonrisa.
Todas sus procesiones son internas: traga y traga éxito e infortunio y no lo suelta. Ni aplaude, ni se queja. Sus reclamos son livianos; sus protestas casi mudas.
El Macho se lleva todo para la casa y ahí, al lado de los suyos, prepara la estrategia. Estaba picado por no superar la primera fase de la Concachampions.
Tras muchas horas de estudio, les cortó a las Águilas las alas y les rompió la cabeza.

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