Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 25 Junio, 2013

La fotografía es dramática.
La señora de 65 años de edad vuela hacia el pavimento desde el quinto piso de su apartamento en un barrio proletario de Madrid.
Su marido se ha quedado sin trabajo.
El piso hipotecado en el banco.
Les han notificado el desahucio.
El suicidio es la solución.
Probablemente el mismo día que la ama de casa decidió quitarse la vida, a Messi y a Ronaldo les cancelaron su trabajo de una semana y su cuenta bancaria se incrementó en miles de millones de dólares.
Decía Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, que “los jugadores nunca son caros ni baratos. Depende del rendimiento que den. Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham nos dieron un salto de ingresos enorme. Si inviertes en grandes jugadores, tendrás más ingresos. Eso permite, primero, que el club sea independiente y que pertenezca a los socios. Y, segundo, atraer a otros grandes jugadores”.
De seguido, Florentino descartó calificar como caro o barato el pago de $90 millones por un jugador como el galés Gareth Bale.
¡$90 millones!
Qué no hubiera hecho la señora que se suicidó y millones de personas pobres en todo el planeta con este dinero, que se le va a cancelar a un futbolista casi que del montón.
Nos hemos interesado en este tema por los sucesos en Brasil y como lo escribimos ayer, ni Cristiano, ni Messi, ni Bale tienen culpa de que les paguen esos millones por jugar al fútbol. Idiotas serían si los rechazan.
Lo que sucede y en buena hora es que la rebelión en Brasil; el drama de los desahucios en España; la crisis del desempleo en Europa; la hambruna en África; la corrupción casi generalizada de los políticos y funcionarios públicos, cada día que pasa topa con más focos de protesta y la legión de “Los Indignados” aumenta vertiginosamente y se puede convertir en una bola de nieve que va a sepultar a más de uno.
La ecuación es simple.
El planeta protesta por el calentamiento global.
El cuerpo humano protesta por recibir tanta grasa y que no le entre oxígeno.
Los pueblos se rebelan ante el desequilibrio social.
No puede ni debe ser que unos pocos ganen tanto, pero tanto y millones se mueran de hambre y sed o se suiciden para terminar con sus malestares.
La FIFA les prohibió a sus delegados usar el gafete en Brasil para evitar agresiones.
¿Precaución o remordimiento de conciencia? ¿Tendrán?

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