Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 27 Marzo, 2013

¡Qué sufrimiento compatriotas!
¡Jugamos mejor con nieve!
Únicamente analizando el gran comportamiento táctico y la potencia física de la selección de Jamaica, se puede quizá explicar el bajo rendimiento de la Selección Nacional que en un escenario favorable de cabo a rabo, estadio repleto, fervor patriótico, cánticos, gritos y aplausos, se vio más opaca que en la pista de patinaje de Denver.
Por citar por ahora el comportamiento de los defensas carrileros, Cristian Gamboa y Bryan Oviedo, en el segundo tiempo en Colorado, dentro de aquel desmadre de cancha, pasaron a territorio estadounidense a cada rato y se convirtieron en dos atacantes más. Anoche... ¡nada de nada!
¿Por qué?
Primero, por Jamaica.
Segundo, porque renacieron las debilidades técnicas tan propias de nuestros jugadores, aparte de los elementos usuales en juegos de alta tensión donde surgen la ansiedad, la poca frialdad, la desesperación porque no salen las cosas como las imaginamos en el vestidor y se entra a un encuentro de tintes dramáticos que ni un gol, digamos que tempranero (21 minutos), ayudó a que no se presentara de esa forma.
Sinceramente Costa Rica jugó mejor en Colorado que anoche y esto debe llevar a un serio análisis.
Todo el partido fue mejor manejado tácticamente por Jamaica; Costa Rica no tuvo capacidad para derribar al enemigo después de herirlo con bola muerta y fueron los canarios los que coparon cada rincón del campo. El medio campo criollo fue superado, le pasaron por encima, pero se tuvo la virtud, gracias a que Pinto trabaja muy bien en esa zona, de que nunca la retaguardia nacional se quebró y si bien es cierto, Ruiz, Ariel, Barrantes y Osvaldo fueron superados en la cintura, tuvieron la capacidad de retroceder y cooperar en defensa con la última línea, igual de ordenada.
Costa Rica no se rompió en defensa, pero conforme el partido avanzó y el 2-0 no se presumía por ninguna parte, se entró en el drama de la incertidumbre y cuando la noche se puso más gris, surgió en el minuto 75, Keylor Navas para quitarle el gol dos veces a Jermaine Johnson (8) que había ingresado de cambio.
Rosario en mano y hartando uñas, vimos a Diego Calvo montar una de las suyas, superar los tornillos de Jermaine Taylor (6) un cazador de tobillos y buscar el espacio para cruzar el trallazo a la red.
Fue hasta ahí; hasta ese mágico instante, que miles de ticos respiramos.

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