Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 6 Marzo, 2013

El partido de ayer entre Manchester United y Real Madrid deja bastantes lecciones.
La primera es estética, intrascendente en lo deportivo, pero que hemos comentado con anterioridad.
¡Qué cosa más espantosa mirar jugar a un portero con el número 41 en su espalda!
Desde que se dejó el número del uniforme a la libre, y surgieron los delanteros con el 97 y el defensa con el 71 y el creativo con el 83, dejé de ver fútbol en Europa con la continuidad de antaño.
Parece una tontería y lo es, pero no me agrada.
Se me quedaron grabadas aquellas formaciones europeas donde los clubes jugaban del uno al 11 y ni que decir las selecciones nacionales.
Téngalo por seguro que si Carlos Alvarado, Dino Zoff o el Pato Fillol se hubieren pegado en su uniforme el 62 no los vuelvo a ver.
Dejando la estética un lado, pasemos a lo mental.
¡Cómo se derrumba un equipo campeón como el Manchester United, por la expulsión de uno de sus jugadores!
Habrá que mandar a Londres a Daniel Casas, técnico de PZ, que venció al Herediano con nueve hombres, para que le dé una lección táctica a Ferguson.
Inconcebible que un hecho tan circunstancial como una expulsión, con el partido en casa, ganado y controlado, permita que todo el engranaje táctico del Manchester se venga al piso. Error garrafal del Sir el no reaccionar a tiempo.
Pasemos ahora a lo futbolístico.
Manchester United jugó con el resultado de Madrid y no arriesgó ni un centímetro del terreno de juego. Espantoso; al estilo de Jorge Luis Pinto. Primero el resultado y de último el espectáculo. Ahora el fútbol moderno se juega así y Pinto juega así y habrá que acostumbrarse.
Repasen el juego: Ferguson sienta a Rooney. El 1-1 de Madrid lo clasifica. Mourinho urge de un gol y forma con Higuaín y Cristiano. Anota el Manchester. Expulsan a Nani en el 56. Mourinho mete a Modric en el 59. Ferguson no reacciona. Liquida el Madrid con dos goles seguidos de Modric y Cristiano.
Entonces, con el agua al cuello, la eliminatoria perdida y un hombre menos, el Manchester mete a Rooney, a Young y a Valencia, tres delanteros, se vuelca sobre la portería de Diego López, lo bombardea, pero no le alcanza. ¡Eliminado!
¿Por qué Ferguson no atacó desde el principio?
¿Por qué no liquidó después del 1-0?
¿Por qué reaccionó tan tarde?
Las mismas interrogantes que rodearon al Macho Ramírez y a Pinto y solo hay una espantosa respuesta: ahora el fútbol se juega así.

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