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Domingo, 20 de septiembre de 2020



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Lunes 17 diciembre, 2012


Cuando se conoció la formación del Alajuelense para el partido con Herediano, sus seguidores se preguntaron: ¿por qué no juegan ni Cristian Oviedo, ni Juan Gabriel Guzmán, que se suponía formarían con Luis Miguel Valle una tripleta de candados para sostener un empate a cero goles, que favorecía las aspiraciones de la Liga para impedir el bicampeonato del Team?
¿Quién sustituye a estos hombres?
Surgió en la alineación titular la figura de Jorge Davis, el fornido mediocampista de poca participación en el campeonato, pero que fue figura en el último título logrado por los erizos como defensor central. ¿Recuerdan?
Davis se plantó al lado de Valle y se juntó con Pablo Gabas y los carrileros Salvatierra y Meneses, además del concurso de Alvaro Sánchez, para armar un nudo de piernas en la mitad de la cancha, que con velocidad, potencia física y agallas, le metió presión a la cintura campeona y la limitó, al punto de que Sánchez y Ramírez no se vieron y Elías Aguilar tuvo que jugar de forma horizontal con escasa conexión hacia el aislado ariete, Minor Díaz, impotente ante la marca de Acosta y Palma.
El primer tiempo tuvo intenso color rojinegro y fue premiado con dos goles en los que primó la participación de Armando Alonso, la velocidad de Allen Guevara y la inteligencia de Pablo Gabas para hallar espacios que generaran conflicto en el área rival. Si el 1-0 fue cuestión de presión y suerte; el 2-0 dibujó una obra de arte pintada por Salvatierra, Sánchez que abre a Gabas y el capitán rompe la rutina con un servicio abierto a la fuga de Alonso. El ariete corre y centra alto y preciso, directo a la cabeza de Jorge Davis, que entró como tromba, aplastó el intento de Marvin Obando de taparlo y selló en los cordeles.
Una ventaja casi lapidaria ante otro equipo que no sea el monarca, repleto de sangre, furor, fuerza, agallas y vergüenza deportiva. Lo ha demostrado toda la campaña. De ahí que a nadie le extrañó que la segunda parte fuera suya, con once, con diez y con nueve hombres no cesó de buscar el gol por todos los ángulos; Pemberton se lo negó volando como águila por todos los palos, pero Lula Montero lo crucificó con un testarazo en zambullida que se la deseara Claudia Poll para ponerle pimienta al juego de vuelta.
Contra Herediano no es igual ir ganando 2-0 que 2-1, eso lo sabemos todos y de eso se hablará durante la semana.

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